Nada más fácil que acusar a alguien de loco. La propia incapacidad de comprender el accionar de otro nos fuerza a acusarlo de “loco”.
No está loco
Todo aquel que actúa de una manera nada tradicional o que no responde a un parámetro social preestablecido lo caratulamos de esa manera. Pero Milei es un ser más cercano a la maldad que a la locura.
Todo aquel que actúa de una manera nada tradicional o que no responde a un parámetro social preestablecido lo caratulamos de esa manera. Incomprensiblemente llamamos locura tanto a la genialidad como a la maldad y en ambos casos se corresponde con nuestras propias limitaciones, aquello que nos desequilibra viene de un “desequilibrado”.
Desde Galileo Galilei hasta Charly García fueron acusados de locos, por su conocimiento y su arte desmedido, Hitler y Videla en su monstruosidad también han sido sintetizados como locos.
Sabemos que lo que caracteriza a la locura es la falta de juicio, de conciencia, de cierta racionalidad en los actos y Javier Milei lejos está de esto. El Presidente conoce muy bien la realidad, tiene el juicio como para evaluarla y decidir, de lo que carece es del sentimiento empático y el deseo mismo de alcanzar el bien común. Su problema medular radica en el desapego por el valor de lo justo, por el concepto de necesidad, por su vínculo con “el otro”.
No es locura su desprecio por aquellos que no se le parecen, no es locura su insensibilidad por “lo humano” es la característica de un individualismo exacerbado sustentado sobre una cierta idea de supremacía. No es locura, es maldad.
Acusar al Presidente de estar “loco” es ampliarle ciertos márgenes de impunidad; si está loco es “inimputable”, si está loco nunca será responsable de sus actos. Que su accionar dañiño y violento no sea de “lo más normal” que hayamos visto en democracia no lo hace inimputable.
“El violento no siempre está loco y la locura no significa violencia”. Que Milei sea un violento no lo ubica en la locura.
No es un loco quien le quita la comida a nuestra infancia y al mismo tiempo le quita impuestos a los más ricos, no está loco quien destruye nuestro patrimonio y lo entrega a intereses foráneos, no es la locura la que te impulsa a reprimir al trabajador y al jubilado mientras abrazas a “los Caputo” y “los Sturzeneguer”. La locura no mide en beneficiar siempre a los mismos y castigar a los de siempre.
Que se grite “como un loco” no te define como tal, que se gesticule como un desequilibrado no quiere decir que lo seas, que reacciones sin medir las consecuencias no quiere decir que así sea en todas las instancias. Lo que sí es seguro es que si no te importa nada, pero absolutamente nada del otro sos un ser más cercano a la maldad que a la locura.
Pónganle el rótulo que quieran, pero loco no está….
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