El camino de las contradicciones, la presión y las mentiras parece delinearse a imagen y semejanza de las acciones que viene llevando adelante Donald Trump en los últimos tiempos, cada vez más alejado de aquel candidato que prometía luchar por la paz y que terminó mutando en uno de los principales actores bélicos de nuestra época, en su intento por configurar un bloque adversario frente a la creciente influencia económica de China. Un giro que no es menor si se tiene en cuenta que las naciones agredidas o atacadas lo han sido sin mediar la autorización del Congreso, tal como lo exige no solo la Constitución estadounidense sino también la Resolución de Poderes de Guerra de 1973. Nada parece detenerlo. No hay límites, ni tratados, ni marcos institucionales que contengan una lógica de poder que avanza sin freno.
Hace apenas dos días, la agencia Reuters dio a conocer un nuevo capítulo de esta escalada con la filtración de un correo electrónico interno del Pentágono, en el que se revelaba que Estados Unidos evaluaba sancionar a sus aliados de la OTAN por no haber apoyado la ofensiva contra Irán, entre las cuales se incluía una medida particularmente sensible para los argentinos como es la posible suspensión del apoyo al Reino Unido en la disputa por las Islas Malvinas.
En la Argentina, de inmediato, las aguas comenzaron a agitarse y el escenario se tornó confuso y, por momentos, llamativo. En algunos influencers libertarios despertó un súbito fervor soberano, acompañado al unísono por un efusivo posteo presidencial que proclamaba nuestra soberanía sobre las islas.
Particularmente significativa fue la reacción del canciller Pablo Quirno, ya que del análisis “epistolar y discursivo” de su posteo se desprende que terminó enfrentado con las declaraciones que Javier Milei realizó en su discurso del pasado 2 de abril, cuando —en un intento por retomar la idea desarrollada por el economista estadounidense Charles Tiebout— sostuvo que “el voto más importante es el que se hace con los pies, y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”.
Milei resignificó así una antigua frase romana, aplicando el sentido que le otorgó Tiebout al sostener que las personas eligen dónde vivir en función de los bienes y los impuestos que ofrecen los gobiernos locales. Sin embargo, con esa interpretación el Presidente contradijo la histórica postura argentina, que sostiene que el principio de libre autodeterminación de los pueblos no es aplicable a una población no originaria, que fue implantada por el gobierno británico en las islas.
El canciller Quirno, trastabilla y contradice al jefe de Estado retomando la posición histórica argentina, para agregar además que rechaza el referéndum de 2013 en el que el 99,8% de los isleños manifestó su voluntad de continuar bajo soberanía británica.
A esta comedia de enredos y confusión se le debe sumar al ministro de Defensa, Carlos Presti, quien en una reciente entrevista televisiva no dudo en señalar que el hundimiento del ARA General Belgrano no constituía un crimen de guerra y de este modo negando el reclamo argentino que afirma que fue atacado cuando se encontraba fuera de la zona de exclusión.
Es aquí, en este punto, cuando se hace mas inexplicable la declarada admiración que Javier Milei profesa por Margaret Thatcher responsable directa del hundimiento que ocasiono la muerte de 323 de nuestros hombres que nada tenían que ver con el combate.
A esta altura, la pregunta es inevitable: ¿hablan entre sí el canciller, el Presidente y el ministro de Defensa cuando se trata de Malvinas? ¿Existe una línea de pensamiento común o cada uno dice lo que considera en el momento? ¿Quién define la política exterior argentina en un tema tan sensible?
El sinuoso camino de contradicciones en el que incurre el gobierno nacional no hace más que poner en riesgo futuras instancias de negociación.
En relación con la filtración publicada por Reuters, decidimos consultar a Daniel Filmus, quien fuera secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur entre 2019-2021, quien nos señaló que “[…] se parte de un concepto errado, porque Estados Unidos no cambió ninguna opinión. Siempre fue neutral, salvo en la guerra del 82. Incluso en la Resolución 2065 de Naciones Unidas, que salió por unanimidad, se abstuvo pero no votó en contra. En todas las resoluciones que Argentina presentó en Naciones Unidas se abstuvo, porque tiene una posición muy firme respecto de la neutralidad. Por eso el secretario de Estado salió a decir ‘acá no cambió nada, seguimos siendo neutrales’[…]”.
Y agregó: “[…] No pasó nada. Esto es un cable de una agencia que dice que Estados Unidos podría llegar a tener esta actitud. El último que confió en que Estados Unidos nos podía apoyar fue Galtieri, y así nos fue. Ni siquiera la respuesta británica fue para la Argentina, sino a un supuesto correo interno del Pentágono que Reuters difunde. Lo que hace Trump es extorsionar al Reino Unido, pero jamás va a preferir que esté Argentina en Malvinas antes que un país de la OTAN. […]”
Guillermo Carmona, quien sucedió a Daniel Filmus al frente de la Secretaría de Malvinas hasta 2023, cuestionó la interpretación de un supuesto cambio en la postura de Estados Unidos y advirtió que se apoya en premisas erróneas que generan confusión. Según explicó, Washington no reconoce la soberanía británica sobre las islas, sino únicamente el control de hecho que ejerce el Reino Unido y planteó que un verdadero avance implicaría un posicionamiento explícito de Estados Unidos a favor de la soberanía argentina y una presión concreta para que el Reino Unido retome negociaciones, lo que debería ser acompañado por una política exterior clara y activa por parte de la Cancillería.
Finalmente, fue crítico con la política exterior del gobierno de Javier Milei, señalando que se encuentra en Modo Galtieri, lo que conlleva el riesgo de repetir errores del pasado al sobredimensionar la idea de ruptura entre Estados Unidos y el Reino Unido.
Y alertó que como en 1982 existe una fuerte tentación de utilizar Malvinas para tapar problemas internos y remarcó la necesidad de aprender de la historia para no repetir los errores de la dictadura