Argentina enfrenta desde hace décadas un desafío persistente en materia de seguridad vial. Cada vida perdida, cada herido, cada daño material supone un costo humano profundo, y también un impacto económico y social que no podemos seguir ignorando.
El país enfrenta desde hace décadas un desafío persistente en materia de seguridad vial.
Argentina enfrenta desde hace décadas un desafío persistente en materia de seguridad vial. Cada vida perdida, cada herido, cada daño material supone un costo humano profundo, y también un impacto económico y social que no podemos seguir ignorando.
En 2023 fallecieron 4.369 personas en siniestros viales en todo el país, una cifra que representa una leve baja (~4 %) respecto de 2022, cuando los muertos fueron 4.567.
En años anteriores, los números habían sido más altos: en 2018 se registraron 5.493 víctimas fatales; en 2019, 4.898; en 2020, aunque hubo disminución probablemente influida por la pandemia de COVID-19, fueron unas 3.601 muertes; en 2021, 4.483; en 2022, 4.653.
Una caída sostenida en la tasa de mortalidad: por ejemplo, ha habido una reducción en la tasa de muertos por cada 100.000 vehículos, estimándose que en 2013 era de unas 63 muertes, mientras que para 2023 se sitúa en torno a 35 fallecidos cada 100.000 vehículos.
Un estudio de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) indica que los siniestros viales en Argentina generan costos equivalentes aproximadamente al 1,7 % del PIB.
Estos datos muestran que, aunque hay señales de mejora, la magnitud del problema sigue siendo muy alta: vidas que se pierden, familias afectadas, hospitales con mayor presión, pérdidas de productividad, e inversiones públicas que se destinan a reparar daños que podrían prevenirse.
Para avanzar hacia una movilidad segura, sustentable y equitativa, Argentina necesita reforzar e implementar políticas integrales. Algunas recomendaciones clave:
Fortalecer los controles y la fiscalización
Infraestructura vial segura
Educación Vial
Recolectar datos de calidad y monitorear resultados
Estudios costo-beneficio para orientar inversiones.
Inversión sostenida
Implementar políticas de movilidad segura no es un gasto sino una inversión. Cada muerte evitada, cada herido menos grave, significa menos costos para el Estado en salud, menos pérdidas económicas, menos sufrimiento para las familias.
Argentina está en un momento donde los datos muestran que las mejoras son posibles, pero todavía faltan compromisos y acciones concretas. Es hora de que las autoridades nacionales y locales, la sociedad civil, los medios de comunicación, y el sector privado unan esfuerzos para que las rutas, las calles, las veredas se conviertan en espacios seguros para todos.
Pablo Azorin es especialista en seguridad vial y movilidad sostenible.