Argentina parece por momentos un país trabado, un país que se muerde la cola, un país que gira en círculos. Como en el Día de la Marmota, aquella película en la que Bill Murray se levantaba todos los días para vivir un día que era exactamente igual que el anterior. Argentina parece detenida en un presente perpetuo.
Esa es la sensación que uno tiene, aunque no es exactamente así porque pasan muchas cosas en el país. Y uno podría pensar desde el punto de vista socioeconómico que Argentina no está en el mismo lugar que hace 2, 5 o 10 años, sino que vive una especie de espiral descendente. Cada día estamos un poquito peor.
Una de las explicaciones más populares para esta especie de "imposibilidad argentina" es la del empate hegemónico. Una idea que acuñó el sociólogo Juan Carlos Portantiero.
Él sostenía que esto se daba en una situación en la que dos fuerzas en disputa tienen suficiente energía como para vetar los proyectos elaborados por la otra, pero ninguna logra reunir los recursos necesarios para asumir por sí sola el liderazgo.
Fernando Rosso acaba de publicar La Hegemonía imposible, un libro que trata de explicar esta situación calamitosa en la que se encuentra Argentina a partir de una idea básica que el autor toma de Antonio Gramsci, la de hegemonía.
Dice Rosso que desde el fin del menemismo ningún proyecto político logró estabilizar una hegemonía permanente y duradera en la argentina.
La hegemonía del primer kirchnerismo existió pero fue una hegemonía corta y frágil. Recordemos que Cristina Kirchner reeligió con un porcentaje altísimo de votos en el 2011 y, sin embargo, dos años después perdió las elecciones en la provincia de Buenos Aires
Mauricio Macri tampoco logró construir una hegemonía duradera. Estuvo muy cerquita de hacerlo después de hacer ganado las legislativas de medio término, pero no pudo.
Y el gobierno actual del Frente de Todos está lejísimos de esa posibilidad. La tesis de Rosso es que no hay una correlación de fuerzas lo suficientemente clara como para que un proyecto político, sea de izquierda, progresista o de derecha, estabilice una hegemonía y construya un proyecto de poder en el lago plazo.
Hay algo en eso de la estructura económica argentina, del modelo de desarrollo que tocó un techo hace ya bastante tiempo que le impide a todos los gobiernos que se han sucedido desde el final del menemismo estabilizar un modelo de largo plazo y estabilizar un proyecto político de largo plazo.