Entre 2016 y 2018, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) pasó a tener dentro del salario un peso del 25% al 27%, pero entre el 2019 y el 2021 ese porcentaje se incrementó al 33%. Llenar la heladera se tornó cada vez más difícil. Y la presión inflacionaria tiene impacto directo en el nivel de vida, es decir, en las líneas de pobreza e indigencia.
La Canasta Básica Alimentaria en febrero tocó valores récord. El mes pasado se disparó un 9%, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Una familia tipo de cuatro personas en el Área Metropolitana de Buenos Aires necesitó $83.807 para no ser pobre, y $37.414 para no ser indigente.
Cuando uno repasa la estructura de ingresos, los datos dan cuenta de un problema importante: el 36% de la población tiene ingresos menores a $81 mil, mientras el 30% tiene ingresos menores a $36 mil.
¿Qué quiere decir esto? Que efectivamente estamos en un problema de ingresos grave que, como primer efecto, va a producir que el piso de pobreza de 40 puntos sea muy difícil de perforar. Veremos cómo evoluciona esta circunstancia.
El presidente Alberto Fernández lo ha dicho más de una vez: el gran problema en Argentina es la inflación. No cabe ninguna duda de que eso es así, en particular en alimentos, porque son bienes básicos que requiere toda la población. Y yo le agrego ahí que tenemos un problema de ingresos y de distribución del ingreso.
En Argentina hay efectivamente un nivel de concentración del ingreso que para poder encontrar una réplica hay que remitirse al mes de enero del año de 2002.
Estamos lamentablemente en una circunstancia socioeconómica muy crítica, herencia -desde luego- de los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri, más el impacto de la pandemia, y ahora por si eso fuera poco hay que sumarle las restricciones que todo acuerdo con el Fondo.