7 de mayo 2022 - 09:06

¿Cómo es hoy el sistema de licencias parentales en Argentina?

Las mujeres embarazadas, o personas gestantes en general, necesitan tiempo de descanso antes y después del parto y las niñas y niños, al nacer, requieren atención permanente y cuidados especiales.

Las mujeres embarazadas, o personas gestantes en general, necesitan tiempo de descanso antes y después del parto y las niñas y niños, al nacer, requieren atención permanente y cuidados especiales. A fin de garantizar ese tiempo de cuidado en los primeros meses de vida existe un sistema de licencias asociado a la maternidad y la paternidad.

En Argentina, las licencias a las que tienen derecho las y los trabajadores asalariados están reguladas principalmente a través de la Ley de Contrato de Trabajo. Allí se establece que las madres gestantes gozan de una licencia por un total de 90 días (que debe iniciarse no menos de 30 días antes del parto) a cargo del Estado, a través del sistema de seguridad social. Las mujeres pueden solicitar una extensión de esa licencia (excedencia) de entre 3 y 6 meses más, aunque en este caso sin remuneración y sin aportes al sistema de seguridad social. La licencia especial por paternidad, en cambio, sí corre por cuenta del empleador, pero es sólo de dos días corridos desde el nacimiento.

Estas licencias no contemplan situaciones especiales tales como la maternidad o paternidad por adopción, nacimientos antes de término o múltiples o de hijas o hijos con discapacidad, ni nacimientos sin vida. A su vez, se contemplan dos descansos diarios de media hora por lactancia durante un año. En cambio, no se incluyen licencias asociadas a visitas previas a una adopción u horas para acompañar la adaptación escolar de niñas y niños en niveles iniciales.

Cabe aclarar que la situación entre trabajadores es heterogénea. Por un lado, existen ámbitos en los que los convenios colectivos o los empleadores definen licencias más extensas; por otro, quienes ocupan puestos informales o trabajan de manera independiente no acceden a la realización estos derechos.

En el último tiempo se vienen discutiendo propuestas de ampliación de este tipo de licencias y se presentaron distintos proyectos legislativos desde diferentes espacios políticos, el más reciente impulsado por el Poder Ejecutivo. Las propuestas giran en torno de la ampliación de las causas por las cuales se pueden tomar las licencias, que pueden incluir los motivos mencionados más arriba, pero también licencias por interrupción voluntaria o involuntaria del embarazo o realización de tratamientos de fertilidad asistida, entre otros. Además se proponen modificaciones en cuanto a su duración, en particular en lo referido a las licencias de padres -que tiene una extensión escandalosamente mínima-, así como en su cobertura, para incluir a una cantidad mayor de trabajadoras y trabajadores.

¿Por qué se pide la ampliación de licencias?

Hay múltiples razones por las que se plantea que es necesaria una ampliación de las licencias por maternidad y paternidad y, en términos más generales, asegurar tiempos para el cuidado. Algunas se centran en el derecho al cuidado de niñas y niños, cuya garantía está indefectiblemente unida a las posibilidades que tengan sus padres o madres de tomar licencias laborales para cumplir con sus responsabilidades familiares o de sostener sus ingresos durante los períodos de inactividad asociados a ellas.

En este sentido, se plantea incluso la posibilidad de desvincular las licencias familiares del tipo de inserción laboral, por ejemplo, a través de subsidios para trabajadoras y trabajadores independientes. Otras razones, complementarias, se centran en las desigualdades de género vinculadas a la distribución inequitativa de las tareas de cuidado al interior del hogar, ante la evidencia de que son las mujeres quienes dedican más tiempo a este tipo de actividades.

En 2021, el 89,9% de las mujeres participó en trabajo doméstico no remunerado y el 30,6% realizó trabajo de cuidado de otros miembros del hogar, mientras que en el caso de los varones las proporciones fueron del 68,3% y del 18,9%, respectivamente, según los datos publicados recientemente de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT-INDEC). Las licencias de padres o progenitores no gestantes contribuirían a que los varones dediquen más tiempo al cuidado y también contribuirían a “naturalizarlo”, rompiendo con la lógica más patriarcal de división del trabajo doméstico y de cuidado.

También hay razones que se relacionan con la situación desventajosa de las mujeres en comparación con la de los varones en el mercado de trabajo. En términos generales las mujeres tenemos una menor participación en el mercado de trabajo y entre aquellas que formamos parte de la población económicamente activa aparecen como rasgos distintivos una mayor tasa de desocupación, mayor peso de los puestos asalariados no registrados en el sistema de seguridad social, las ocupaciones menos calificadas, con menor carga horaria y peores salarios.

En Argentina, algunos datos básicos que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) permiten dar cuenta de estas desigualdades: La tasa de actividad, que alcanzó al 53,6% para los varones en el tercer trimestre de 2021, era de 40,2% para las mujeres; mientras que las tasas de desocupación eran 7,7% y 9,0%, respectivamente. Por su parte, la tasa de subocupación fue de 9,7% para los varones y de 15,3% para las mujeres; y la proporción de empleos no registrados fue de 30,6% y 36,0% para estos géneros. Finalmente, se observó una brecha en el ingreso laboral de 33,9% en favor, claro está, de los varones. Estas diferencias se amplían cuando hay presencia de niñas y niños en el hogar, realidad que se repite a nivel mundial y no depende de situaciones coyunturales.

Ahora bien, estas diferencias a veces se naturalizan, pero es importante reconocerlas como injustas e indagar un poco en las posibles explicaciones que se han esgrimido para tratar de entenderlas. Algunas se basan en las diferencias en el nivel educativo y la experiencia laboral de hombres y mujeres, aunque la evidencia muestra que aún para el mismo nivel educativo y calificación las diferencias salariales persisten. También hay algunas que se basan en la actitud que toman las y los empleadores (o potenciales empleadores) frente a unos y otras.

Desde el sector empresarial se plantea, por ejemplo, que los costos de contratar trabajadoras mujeres superan a los de contratar varones, ya que éstas presentan más ausentismo e impuntualidad, debido a su mayor responsabilidad en los cuidados del hogar. Este costo más alto se reflejaría en menores salarios.

Si nos corremos de la mirada de la parte empleadora y nos centramos en la perspectiva de las trabajadoras, encontramos que a partir de la organización tradicional y patriarcal de la vida familiar y los roles atribuidos a la mujer en la sociedad –hoy en transformación–, la división de tareas al interior de los hogares prioriza al varón como proveedor de ingresos, mientras que el rol de la mujer como ama de casa o cuidadora de niños y personas ancianas impone la necesidad de articulación entre ese rol y el de trabajadora para el mercado.

En consecuencia, la situación laboral de las mujeres no depende solamente de la actitud de las y los empleadores, sino que las decisiones que se toman de manera conjunta al interior del hogar, principalmente relacionadas con la división tareas, resulta un factor de suma importancia. El hecho de que se considere a las mujeres como las principales proveedoras de cuidado y responsables de las tareas domésticas restringe sus posibilidades de insertarse laboralmente y sus posibilidades de autonomía, lo cual podría incidir negativamente en el desarrollo de su vida laboral y personal.

Las mujeres, principalmente aquellas que tienen hijas o hijos, enfrentan restricciones al momento de decidir si participar o no en el mercado de trabajo en un contexto de reducidas opciones ocupacionales y escaso apoyo institucional para las mujeres trabajadoras que son madres de niños pequeños. Así, en pos de combinar ambos roles, muchas mujeres se insertan en ocupaciones de tiempo parcial y/o con mayor flexibilidad horaria, que suelen tener características más precarias que las de tiempo completo.

¿Qué dice el proyecto de ley presentado por el Poder Ejecutivo?

El Poder Ejecutivo Nacional envió recientemente para su tratamiento en el Congreso un proyecto de ley elaborado en forma conjunta por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social para la creación del Sistema Integral de Políticas de Cuidados de Argentina (SINCA) basado en el reconocimiento del derecho a dar y recibir cuidados y tendiente a una redistribución más equitativa de las tareas de cuidados entre varones y mujeres.

Además de reconocer la importancia del trabajo de cuidados remunerado y no remunerado y de promover la ampliación de la oferta de servicios e infraestructura de los cuidados, el proyecto plantea la modificación del régimen de licencias tanto en el ámbito público como en el privado. En la propuesta, las licencias por maternidad (por gestación) se extienden de 90 a 126 días, se crea una licencia para madres y padres adoptantes de 90 días y una licencia por maternidad para trabajadoras monotributistas y autónomas de 126 días (equiparable a la de las trabajadoras en relación de dependencia) a través de una asignación equivalente a un Salario Mínimo, Vital y Móvil. Se avanza, además, en la creación o extensión de otras licencias especiales vinculadas con los nacimientos, así como días de licencia por violencia de género y por fallecimiento de familiares.

Uno de los puntos centrales del proyecto es la extensión de las licencias para padres o para progenitores no gestantes que progresivamente se irán alargando para pasar de los actuales 2 a 15 días en un año, a 30 días al segundo año y así sucesivamente hasta llegar a los 90 días al octavo año de aplicarse la ley. Las extensiones se aplicarán también a los trabajadores independientes que hoy no cuentan con días de licencia.

Dos aspectos que avanzan en términos de igualdad son, además de la inclusión de trabajadores monotributistas y autónomos, la propuesta de equiparación de los regímenes de Trabajo Agrario y de Personal de Casas Particulares al de la Ley de Contrato de Trabajo en materia de licencias y la inclusión de los meses de licencia en el cálculo previsional como si se hubieran realizado aportes al sistema.

Finalmente, un punto no menor es que tanto las nuevas licencias como la extensión de las vigentes serán financiadas por el sistema de seguridad social, tal como ya sucede con las licencias por maternidad. De este modo, puede decirse que la sociedad en su conjunto se hace eco de una visión más equitativa -y humana- respecto de la posibilidad de contar con los cuidados que todas y todos en algún momento de nuestras vidas precisamos, así como de asumir esas tareas más equilibradamente entre varones y mujeres. Son cambios necesarios en una sociedad en proceso de transformación.

*Ana Laura Fernández, economista, investigadora-docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).

*Mariana L. González, economista, investigadora en FLACSO-CONICET y en el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA-CTA).

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