La camiseta 14 de Holanda es un símbolo del fútbol mundial. Una referencia inmediata a Johan Cruyff, el mejor futbolista europeo de la historia. Esa remera funciona como un enlace directo hacia la Copa del Mundo de Alemania 1974, donde La Naranja Mecánica pateó el tablero y realizó un impacto profundo porque desplegó el novedoso sistema de juego llamado fútbol total, que permitía a los jugadores moverse alrededor del campo sin una posición fija. Una novedad absoluta que despertó admiración.
El día que Johan Cruyff venció a Adidas y no usó su camiseta en Alemania 1974
El astro neerlandés, que fue la figura de aquella Copa del Mundo, se negó a utilizar la vestimenta de la empresa teutona y jugó con un modelo diferente al de sus compañeros.
Aquel equipo que dirigió Rinus Michels fue subcampeón tras perder la final ante Alemania Federal. Fue el campeón sin corona. Una usina generadora de juego que solo le faltó la vuelta olímpica. Una campaña maravillosa que estuvo marcada por el liderazgo de Cruyff. Ese flaco talentoso que, a pura gambeta, se abrió camino rumbo al éxito. Era la figura principal de la época: fue tricampeón de la Copa de Europa (hoy Champions League) con Ajax entre 1971 y 1973, luego llegó a Barcelona para impedir el descenso y terminó con el título de la Liga de España 1973/74 para cortar una racha de 14 años sin festejos en el club de Cataluña.
Se destacaba por su rebeldía para jugar, declarar y negociar. Era un obstinado. Un tipo con fuertes convicciones, que conservaba la coherencia entre sus palabras y sus actos. “No voy para Madrid, voy a Barcelona”, había asegurado a la directiva de Ajax, que tenía acordada su transferencia al Merengue. Así las autoridades del club de Ámsterdam tuvieron que dar marcha atrás, Johan terminó vestido de blaugrana. Y así llegó al mundial en territorio teutón. Rodeado de gloria a nivel clubes y con la exigencia de reafirmar su talento en el fútbol de selecciones.
“Yo siempre he sido de esos que lo que otros dicen no lo hago”. Cruyff era tenaz. Dentro y fuera del campo de juego. En el rectángulo podía hacer lo que deseara, no había defensa que pudiera contener su habilidad y genio para crear jugadas. Y lejos del verde césped tampoco dio ventajas, dirigentes y autoridades se vieron superados por sus reclamos. Uno de ellos fue icónico, justo antes del inicio de la cita mundialista en Alemania.
El conflicto se desató cuando Cruyff se negó a vestir la camiseta que confeccionó la empresa Adidas para Holanda, ya que él tenía un contrato de exclusividad con la marca Puma, que justamente era el principal rival de la otra firma alemana. Solo aceptaba utilizar la indumentaria realizada por la compañía de las tres tiras, en caso de recibir una compensación económica.
“Nosotros jugamos el Mundial de 1974, y hacía justamente dos años que el fútbol era profesional. Las empresas venían, había promociones… Y la Federación, en esa época, negoció con Adidas. Querían que lleváramos su camiseta, y yo pedí mi parte”, detalló el capitán neerlandés en una entrevista con el diario español El País. Sin embargo, se encontró con una respuesta negativa de la Real Asociación Neerlandesa de Fútbol (KNVB). La gran mayoría habría bajado la cabeza y obedecido. Cruyff hizo lo contrario.
La situación no lo incomodó, al contrario. Resolvió con inteligencia, y mucho coraje, como cuando en la cancha era rodeado por muchos marcadores que querían sacarle la pelota. Él siempre tenía una solución porque “me encanta resolver problemas”. Y así lo hizo en aquel 1974: “Me negaron mi parte diciendo que la camiseta era suya, y yo les dije que la cabeza era mía. Entonces en todo el Mundial jugué con una camiseta diferente del resto de mis compañeros”.
Antes de debutar ante Uruguay, el 15 de junio, el capitán del seleccionado pidió una modificación del diseño de la vestimenta. En esos tiempos, la camiseta no llevaba el logo de la fábrica alemana en el frente, pero sí tenía las tres tiras habituales desde el cuello hasta la manga. También en los costados del pantalón. Entonces, le hicieron un modelo diferente: le quitaron una de las rayas a la camiseta, al short y a las medias.
Durante los siete partidos, Johan tuvo su propia ropa. La cual brilló al compás de un seleccionado holandés que brindó destellos que perdurarán en las páginas más importantes de la historia del fútbol. Es que ese equipo marcó un antes y un después, gracias a actuaciones memorables de Cruyff, como en la goleada 4-0 a Argentina en Gelsenkirchen. “Holanda nos golpeó durante todo el partido. Es como si fuese un boxeador que castiga a otro, lo noquea y lo vuelve a golpear cuando apenas se incorporó. No nos dejaron levantarnos nunca. Sentimos impotencia”, explicó Roberto Perfumo, uno de los defensores más relevantes de la historia de la Selección.
Aquella camiseta naranja, con el número 14 en la espalda y solo con dos tiras negras en los hombros, es una de las más significativas del fútbol. No solo por la singular historia y la simbólica protesta, sino por el nivel extraordinario de Johan Cruyff, uno de los cinco mejores futbolistas de la historia junto a Diego Maradona, Pelé, Alfredo Di Stéfano y Lionel Messi.
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