Un accidente le cambió la vida, pero el taekwondo lo salvó: la historia de Juan Samorano

La vida le cerró muchas puertas, pero el deporte se encargó de abrírselas para encaminar su destino. Además de ser campeón parapanamericano, ganó medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokyo y de París, y se convirtió en el máximo referente de la disciplina.

De ser un deporte más popular, la historia de Juan Samorano ya estaría hecha en las plataformas de streaming. El parataekwondista argentino hoy disfruta de sus logros, pero antes de conocer el deporte, la vida le dio unos buenos cachetazos.

"En 2008 yo trabajaba colocando carteles en la calle con mi papá. Un día el empleador nos pidió que nos separáramos, nunca lo hacía, pero ese día lo hice. Fuimos con mi compañero con una camioneta que se rompió a la altura de General Paz, donde estaban los puentes y no nos quisieron mandar la grúa", comenzó a contar el deportista con C5N.

Juan contó que el vehículo aparentemente tenía problemas con el embrague, pero como desde la empresa no les iban a mandar remolque, su compañero decidió arrancarla igual. Y todo lo que podía salir mal, salió incluso peor: "Mi compañero choca contra el guardarraíl, la mitad de mi cuerpo sale despedido para afuera y me arranca el brazo, quedando entre el cemento y la camioneta".

Juan Samorano taekwondo
Juan Samorano asegura que el taekwondo le salvó la vida.

Juan Samorano asegura que el taekwondo le salvó la vida.

Cuando lo llevaron en ambulancia se habían olvidado muy importante: el brazo. Como Juan había perdido demasiado sangre, su cuerpo sufrió tres paros cardíacos. Antes del cuarto, cuando quedó casi al borde de la muerte, tuvieron que suturarle lo que había quedado. Sin su brazo, él sabía que en ese momento su vida había cambiado para siempre.

"Yo estaba muy enojado y tenía un dolor inexplicable, tuve dos intentos de suicidio, no podía verme ni al espejo. Es muy duro pasar por algo así", recordó. Y es por eso que los médicos le recomendaron comenzar terapia.

Debido a los dolores físicos y a sus dificultades para sobrellevar la situación, lo derivaron al psiquiatra, algo que a Samorano no le gustó nada. "Obviamente me empastillaron, pero yo veía cómo se me iban los días. Yo tenía una hija chiquita a la que le tenía que dar de comer, pero me la pasaba durmiendo o mirando televisión. Y ahí decidí que no podía seguir así", señaló.

Embed - C5N on Instagram: " La historia de Juan Samorano: “Empecé a ver cosas buenas gracias al deporte” El taekwondista enfrentó profundas secuelas físicas y emocionales tras el accidente que cambió su vida. En medio de la adversidad, encontró en el deporte un refugio, una motivación y la fuerza necesaria para reconstruirse cuando todo parecía perdido. @micapiserchia"
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Juan comenzó a mentirle a su psiquiatra y a su mamá, les decía que tomaba las pastillas, pero en realidad no lo hacía: "Anotaba en un calendario porque eso me lo controlaban, así que fingía como que las tomaba, pero las terminaba tirando. Estuve así varios meses y cuando iba al consultorio, les decía que estaba mucho mejor".

Cuando ya no pudo ocultarle a su mamá el hecho, ella entendió los motivos de su hijo y lo aceptó. Después de sesiones de "convencimiento" al psiquiatra, finalmente Juan fue dado de alta, pero se encontró con algo aún peor: el prejuicio ante la discapacidad.

No conseguía trabajo y eso lo desesperaba, porque su mamá estaba pagando la casa donde vivía con su hermana y ya el dinero no estaba. Sumido en ese panorama de oscuridad, Juan comenzó a desviarse de su camino: "Empecé a ingresar dinero de afuera, a caminar la calle y hasta a tener armas en casa. Andaba armado y ya nadie me quería. ¿Sabés lo que es que ni el barrio en el que naciste la gente te quiera?..."

Igualmente, aclaró que no se arrepiente de todo lo que hizo durante ese período: "No me arrepiento para nada, porque sé que no fue mi culpa. Yo salía a buscar trabajo y la sociedad me dijo que no. ¿Sabés lo que era subirte al colectivo y que la gente te mirara como si fueras un monstruo?".

Y ahí fue, cuando se encontraba hundido en su momento de mayor tristeza, que se topó con el taekwondo. De tanto caminar la calle, escuchó ruidos provenientes de un club de la zona y se metió a mirar: era una clase. Se acercó al profesor, le preguntó si podía hacerlo y tras recibir respuesta afirmativa, se sumó.

"Fui un día, dos, tres... y me empezó a gustar. Sobre todo porque veía que mi mamá estaba feliz y eso me hacía feliz a mí. Eso se comparte...", comentó el deportista. De a poco, fue dejando atrás esos malos hábitos, nunca más volvió a la calle y se propuso comprometerse seriamente con el taekwondo. En realidad, con el para-taekwondo, disciplina que nació en el país prácticamente de su mano.

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Juan Samorano atesora sus medallas.

Juan Samorano atesora sus medallas.

El salto en su carrera deportiva se dio poco antes de la pandemia. El año anterior logró la medalla de bronce en los Juegos Parapanamericanos de Lima y ya se colocó dentro de la escena internacional, pero dos años después llegaría una de las máximas alegrías de su vida: la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokyo.

Junto a Gabriel Taraburelli, su entrenador, lograron una dupla prácticamente imbatible: para el siguiente ciclo olímpico se quedaron con el oro en los Parapanamericanos de Santiago 2023 y en París, Juan volvió a quedarse con el bronce. Con la presea dorada entre ceja y ceja de cara a Los Ángeles 2028, el deportista está más feliz que nunca con el trabajo que consiguió después de tanto camino recorrido: "Ganar medallas para la Argentina".