“Fue un mazazo en la conciencia”, asegura Natalia Oreiro desde Kenia, adonde viajó invitada por Unicef, para vivenciar y compartir otras realidades de niñez y adolescencia flageladas por la desnutrición, una de las tantas consecuencias de la peor sequía en 35 años, declarada “desastre nacional” por afectar a más de 3 millones de personas.
Natalia Oreiro respondió a los que la criticaron por su viaje a África: "Es mejor hacer que opinar"
La actriz uruguaya, que se desempeña desde 2011 como embajadora de Buena Voluntad de Unicef para el Río de la Plata, vivió la más cruda experiencia de su vida que la hizo reflexionar sobre “cuántos desafíos tenemos aún como humanidad”.
En este marco, brindó una entrevista a Caras en la que reveló qué hay detrás de su sentido compromiso con la sociedad. “Así fui educada. Vengo de una familia humilde –de Villa del Cerro, Montevideo– que, como tantas, perdió todo por el período de “la tablita” (1978-1982)”.
“Desde muy chica respiré el valor del esfuerzo y el espíritu de superación. Y, por sobre todo, dignidad. La solidaridad me nació mucho antes de ser conocida (NdR: Desde hace casi veinte años es madrina de la fundación Peluffo Giguens, que ayuda a niños con cáncer en Montevideo)”, detalló.
Luego, Natalia hizo referencia a las posibles críticas sobre su viaje a África –que, finalmente, surgieron- y fue muy contundente con su respuesta: “Será quien considera que mejor que hacer es opinar. No voy a justificar mi acción contando todo lo que hago sin publicidad”.
“Hoy pongo mi energía en difundir este mensaje, que traigo desde muy lejos: un niño indefenso es eso, en Nairobi o en el Chaco. Somos un todo y debemos cuidarnos entre todos. Nadie es ajeno al dolor de un niño, viva donde viva. Si no, fijate en el impacto mundial que provocó la foto del chiquito migrante sobre la orilla del mar. A veces la gente necesita chocarse con la realidad para considerar modificarla”, lanzó.
Fuerte experiencia personal
Oreiro relató cuál fue el momento más conmovedor de su viaje: “Fue en un paseo por Nairobi que me sucedió algo muy conmovedor. Iba sentada como copiloto en el auto, porque siempre me gusta charlar con quien me lleva. Era un chico de 20 años, con un nombre tan imposible de recordar como de pronunciar".
Agregó: "Nos contamos sobre nuestros orígenes y familias. Al preguntarle ‘¿te gusta vivir en Nairobi?’, me respondió: ‘¡Me encanta! Porque aquí hay muchas oportunidades’ (se quiebra). Mientras yo, desde mi ventanilla veía asentamientos de emergencia, gente entre basurales y cloacas a cielo abierto, él, tan orgulloso, veía ‘oportunidades’”.
“¡Y nosotros a veces nos quejamos por cada estupidez, en vez de agradecer las ‘oportunidades’...! El me enseñó que a pesar de la más extrema pobreza, no todo está perdido”, completó.
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