Las PASO definen mucho más que quiénes serán los candidatos 

Massa pelea contra la inflación y se anima a una campaña en la que se mueve en soledad, con excepción del acompañamiento de los gobernadores peronistas. Del otro lado, Larreta y Bullrich buscan firmar una tregua para aminorar la guerra interna.

La última semana antes de las primarias promete estar repleta de noticias y de la actividad lógica de una campaña que no ha terminado de penetrar en la sociedad. En efecto, se da un efecto paradójico. La apatía parece primar en una población ocupada por problemas cotidianos que en parte fueron generados por la política (y los intereses concentrados) pero sólo a través de la política podrán resolverse.

Si hoy, día en el que comienza a regir la veda de encuestas, podemos concluir que no han servido demasiado para vaticinar los resultados en las elecciones provinciales, sin embargo trazan un mapa muy claro de las preocupaciones de los argentinos. En primer lugar, en casi todas ellas, están la inflación y el precio de los alimentos. La pregunta entonces surge de inmediato: ¿tiene chances electorales el ministro de Economía de un gobierno que -por múltiples motivos- no ha podido resolver un tema tan angustiante para las familias? La respuesta se torna imprevisible por lo mismo que mencionábamos antes.

Massa

Las encuestas no logran penetrar del todo el velo de la desilusión, el desgano y hasta el enojo de personas que enfrentan día a día las tensiones de una inflación que carcome salarios, tensiona discusiones paritarias, de tarifas y vuelve a la calle un lugar recurrente para las protestas de los que el sistema deja cada vez más afuera.

Como primera respuesta rápida, podría decirse que quizás se valore el modo en el que Sergio Massa tomó una economía al borde del naufragio y, sin lograr abandonar del todo sus límites, ha logrado timonear en aguas procelosas los problemas que emanan de la irresponsable toma de deuda y la fuga que propició el macrismo.

Quizás también la evidencia de la osadía del propio Massa le estén dando chances. Negoció con un FMI decidido a complicar a la Argentina en esta fase de su gestión buscando alternativas tan heterodoxas como el pago con yuanes, el pedido al presidente español Pedro Sánchez para que intercediera en otros créditos de corto plazo y hasta un inédito acuerdo con Qatar. El Massa ministro es tan osado como el Massa candidato, que se anima a una campaña en la que se mueve en soledad, con excepción del acompañamiento de los gobernadores peronistas.

Pero quizás el elemento más determinante de por qué Massa parece aún conservar posibilidades inciertas de ganar la elección son los rivales. Tanto por la memoria de pasadas gestiones como por sus propuestas a futuro, ni Horacio Rodríguez Larreta ni Patricia Bullrich parecen ser parte de la solución a los problemas de los argentinos. Más bien lo contrario. Los recuerdos de 2001 y del gobierno de Macri los acechan, pero también cada una de sus propuestas están directamente relacionadas con el ajuste y la pérdida de derechos para las mayorías.

Los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires el 19 y 20 de diciembre de 2001
Los porteños salieron a la calle para reclamar al Gobierno con sus cacerolas.

Los porteños salieron a la calle para reclamar al Gobierno con sus cacerolas.

Hay una cierta desconexión entre las medidas que proponen los precandidatos opositores y los efectos que buscan. El modo en el que creen que la baja de impuestos a los poderosos va a marchar en paralelo con la baja del déficit, la pérdida de prerrogativas laborales redundará en más empleo, el achicamiento del Estado en más presencia del mismo son todas casi de pensamiento mágico. Y la sociedad argentina ha demostrado ser muchas veces, más racional que sus dirigentes a la hora de votar.

Por estos elementos que marcábamos tanto en el oficialismo como en la oposición, la campaña de este año se ha tornado fuertemente negativa. Se trata más de marcar los horrores del oponente que de otra cosa.

El dato de la semana que entra quizás esté dado por cierta fachada de unidad en Juntos por el Cambio que contribuirá a aminorar la guerra interna, que es extremadamente profunda. No es para menos. El premio para el ganador de la feroz interna del PRO es mayúsculo. Puede tratarse nada más ni nada menos que de liderar a la derecha en la Argentina post Macri y derrotar al peronismo para completar el intento de eliminación del kirchnerismo y los derechos que se consiguieron en el periodo 2003- 2015.

bullrich larreta

Lo han manifestado explícitamente los dos precandidatos de Juntos por el Cambio, el sueño es la vuelta a la Argentina pre peronista, al país granero del mundo cuya economía primarizada otorgue enormes riquezas y estabilidad para el sector más acomodado de la sociedad.

Por lo pronto, se está acordando el encuentro en un búnker conjunto para la espera de datos del domingo que viene y algunas actividades que serán difundidas como muestras de unidad. El 14 de agosto no hay pruebas de que todos sigan juntos pero son varios los operadores que repiten una premisa importada del peronismo: “El que gana, gobierna y el que pierde, acompaña”. Más cercana a la realidad de lo que pasará después de las PASO parece estar la noción de que el que gane recibirá allí mismo una victoria total y la rendición incondicional como única posibilidad interna para seguir existiendo en el universo cambiemita.

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