Los discursos de odio crecen en nuestro país y en el mundo. Por lo general son argumentos simplistas que reducen fenómenos complejos a partir de sentimientos y creencias con un objetivo: explicar por qué debemos odiar a alguien.
Ahora odiar también es políticamente correcto
Se construyen motivos para explicar por qué debemos odiar a alguien. El pretexto cambia, pero la estructura es siempre la misma.
Lo que construyen es un otro negativo al que se lo deja de ver como un adversario y se le quita su condición y derecho a existir, a tener voz y participación.
En los últimos tiempos el fenómeno nuevo es la racionalización de ese odio, construyendo motivos para que sea políticamente correcto odiar a los inmigrantes, a las mujeres o a un grupo social determinado, porque "nos sacan el trabajo", "destruyen la familia" o "nos quitan privilegios". El pretexto cambia, pero la estructura es siempre la misma.
En la Argentina tenemos nuestro propio discurso del odio bajo la consigna "civilización o barbarie". Hay que odiar a los barbaros que "no son aptos" para ser ciudadanos. William Shakespeare decía que "con el tiempo odiamos a lo que más le tememos".
El odio se basa en el temor al otro, y lo que debemos hacer es deconstruirlo y no responder con mas odio para evitar que se reproduzca la cadena. La mejor respuesta es oponer un discurso de amor e igualdad.
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