Para las nuevas generaciones, el retrato más cercano de lo que ocurrió el 26 de abril de 1986 en la central nuclear de Chernobyl es la exitosa miniserie de HBO. Basada libremente en el libro “Voces de Chernobyl”, de la periodista y premio Nobel Svetlana Aleksiévich y en documentos oficiales y testimonios de protagonistas, la serie brinda un estremecedor panorama de lo que fue el accidente nuclear más grave de la historia y pone la lupa sobre el personaje que encarnó el rol de villano en aquella tragedia: Anatoly Dyatlov.
El rol de Anatoly Dyatlov en la tragedia de Chernobyl
Jefe adjunto del Reactor 4 de la central ucraniana, en el que sucedió el accidente, Dyaltov tomó durante aquellas jornadas un sinfín de malas decisiones que tuvieron como consecuencia 31 muertes directas y otros tantos miles de fallecidos por causa de la radiación a lo largo de las décadas posteriores. Pero, a la vez, fue víctima del engranaje del entonces ya muy decadente régimen soviético, que lo utilizó como chivo expiatorio de las fallas estructurales de la central y de su obsoleto sistema de toma de decisiones críticas.
A cuatro décadas del accidente, el nombre de Anatoly Dyatlov vuelve una y otra vez, como un eco incómodo, cada vez que se intenta ordenar el relato de lo ocurrido en Chernobyl. Había nacido en 1931, en un pueblito de pescadores llamado Anatovo, en los parajes perdidos de la Rusia central. A los 14 años, en un país destrozado por los efectos de la Segunda Guerra, huyó hacia Moscú para escapar del hambre y ahí se recibió de ingeniero en el prestigioso Instituto de Ingeniería Física.
Ganó cierta reputación durante las décadas doradas de la ingeniería soviética, las de 1950 y 1960, instalando reactores en submarinos de la flota del Pacífico, en astilleros situados casi frente a las costas de Japón. Ahí ocurrió la primera de las tragedias relacionadas con la tecnología nuclear que marcarían su vida: su hijo menor falleció por leucemia, provocada por la exposición a los altos niveles de radiación que afectaban a las casas cercanas al astillero.
En 1973 consiguió un buen puesto en la ciudad ucraniana de Prípiat, en cuyas afueras se estaba construyendo la central de Chernobyl, llamada a ser la joya de la corona de la red de reactores nucleares soviéticos. Descripto como un profesional experimentado, disciplinado y, sobre todo, extremadamente obediente a la escala jerárquica, Dyatlov fue designado subdirector jefe de ingeniería, una posición que lo colocaba en el centro de las decisiones operativas. La central se inauguró con todas las pompas en septiembre de 1977, como un símbolo del progreso soviético frente al occidente capitalista. Nadie imaginaba que ese mismo símbolo tendría como destino convertirse en uno de los hitos de la caída del régimen, no muchos años más tarde.
El minuto a minuto del accidente de Chernobyl
La noche del 25 al 26 de abril no era una más. Había que completar una prueba técnica que llevaba tiempo postergándose. El objetivo era relativamente acotado: comprobar un sistema de retroalimentación que aprovechaba la energía inercial del movimiento de las turbinas.
El ensayo venía retrasado y la presión de los jerarcas de Moscú sobre los directores de la central era cada vez más intensa. El reactor operaba a niveles inusualmente bajos de potencia. Algunos sistemas de seguridad fueron desactivados. Y ahí estaba Dyatlov, supervisando, empujando, insistiendo en avanzar. Los testimonios posteriores lo describieron como inflexible frente a las dudas de varios operadores. Otros, en cambio, matizaron esa imagen, poniendo las cosas en un contexto donde cuestionar órdenes no era una opción fácil.
Embed - Chernobyl (MIniserie) Tráiler HD subtitulado en español
A la 1:23, el sistema dejó de responder como se esperaba. Lo que siguió ocurrió en segundos, pero fue el resultado de una cadena que venía gestándose desde antes: un aumento súbito de potencia, una reacción incontrolable y dos explosiones. El núcleo del reactor quedó expuesto. La radiación comenzó a escapar sin barreras.
En las horas posteriores, mientras el incendio avanzaba y la magnitud del desastre todavía no era comprendida del todo, Dyatlov permaneció en la planta. Con todas las críticas y responsabilidades que le caben, no huyó del escenario de la catástrofe que había ayudado a provocar. Estuvo expuesto a niveles altísimos de radiación y su cuerpo empezó a pagar el precio, hasta que fue retirado tras desvanecerse. Fue hospitalizado, pero finalmente logró sobrevivir.
El final Anatoly Dyatlov, entre villano y chivo expiatorio
Después llegó el juicio y el relato oficial, marcado por la necesidad de encontrar figuras que exculparan a la jerarquía y a la tecnología soviética. En 1987, Dyatlov fue condenado a diez años de trabajos forzados por violaciones a las normas de seguridad, junto a otros directivos de la central. Fue uno de los pocos que alcanzó a salir vivo de la cárcel.
Con el paso de los años, comenzaron a cobrar visibilidad elementos y testimonios a través de los cuales Dyatlov dejó de ser un villano unívoco para convertirse en una figura un poco más ambigua, cuyas acciones estuvieron enmarcadas en un sistema que también falló. Informes técnicos, testimonios e investigaciones independientes revelaron que diseño del reactor RBMK tenía fallas de origen y que su comportamiento a baja potencia era inestable. Se supo también que los operadores no contaban con toda la información relacionada con las fallas específicas que redundaron en la explosión del Reactor 4 y se detalló que la cultura organizacional priorizaba el cumplimiento por sobre la cautela, algo que, por obvias razones, ni siquiera se había tocado durante el juicio.
Anatoly Dyatov
Anatoly Dyatlov, tras ser liberado, en 1991.
Tras la disolución de la Unión Soviética, en 1991, Dyatlov fue liberado anticipadamente. Técnicamente fue por razones de salud, pero el trasfondo era el cambio de clima político: Ucrania acabada de declararse independiente y las nuevas autoridades anularon muchas de las condenas dictadas en su momento por Moscú que consideraban excesivas.
En libertad, el "villano de Chernobyl" se dedicó a tiempo completo a intentar limpiar su imagen, defendió su accionar en entrevistas y publicó un libro en el que, sin eximirse totalmente de culpas, sostuvo que el accidente era inevitable en esas condiciones. Que el problema estaba en el diseño, en la falta de transparencia y en las reglas no escritas que rigieron la operación.
Murió en 1995, a los 64 años, una edad sorprendentemente alta para una vida transcurrida entre rayos gamma. Para entonces, Chernobyl ya era sinónimo de catástrofe global. Las consecuencias se extendían mucho más allá de Prípiat: había desencadenado la caída de una de las dos superpotencias que marcaron el siglo XX y cambiado para siempre la percepción sobre el poder y los peligros de la energía nuclear.