Con más de cuatro décadas dedicadas al periodismo deportivo, Alejandro Fabbri es una de las voces más autorizadas para hablar de fútbol e historia. Su carrera en radio, televisión y medios gráficos se complementa con una extensa producción bibliográfica que lo convirtió en un referente del género. Entre sus obras más reconocidas se encuentran "Historias secretas de los mundiales", "Clásicos" y "El nacimiento de una pasión", libros en los que reconstruye algunos de los episodios más trascendentes del fútbol argentino y mundial.
En la antesala de la semifinal entre Argentina e Inglaterra, Fabbri repasó el recorrido de la Selección en la Copa del Mundo 2026 y dejó un diagnóstico tan crítico como optimista. Consideró que el triunfo ante Suiza fue uno de los rendimientos más flojos del equipo de Lionel Scaloni, advirtió sobre los problemas defensivos y el desgaste físico de varios futbolistas, aunque sostuvo que la Albiceleste tiene argumentos para competir de igual a igual con cualquier equipo.
Durante la entrevista también analizó el trasfondo político e histórico que inevitablemente rodea el clásico contra los ingleses, opinó sobre las acusaciones de supuestas ayudas arbitrales a favor de Argentina, cuestionó la organización del Mundial en Estados Unidos, reflexionó sobre el fenómeno de las nacionalizaciones en las selecciones y explicó por qué Francia sigue siendo, a su entender, el principal candidato al título.
Periodista (P) —¿Qué análisis hacés del triunfo de Argentina sobre Suiza?
Alejandro Fabbri (AF) —Fue un partido en el que el segundo gol tardó demasiado en llegar. Uno suponía que iba a resolverse antes por la expulsión de Breel Embolo, que estuvo bien sancionada porque simuló exageradamente una infracción estando ya amonestado. Aun así, Argentina jugó mal. Incluso creo que pudo haber sido su peor actuación en lo que va del Mundial. También es cierto que Suiza representa una exigencia mayor que Jordania o Argelia. Volvieron a aparecer problemas defensivos, sobre todo por el sector derecho, y el equipo mostró poca movilidad en ataque. Julián Álvarez fue el único que sostuvo una intensidad constante, mientras que Lionel Messi tuvo, probablemente, su rendimiento más bajo desde que comenzó el torneo. Es lógico: están jugando cada cuatro días y el desgaste se siente. Ahora habrá que ver si Argentina está preparada para competir de igual a igual frente a Inglaterra.
P —¿Cuáles fueron las claves para que la Selección llegara a las semifinales?
AF —Le tocó una fase de grupos accesible y la resolvió sin mayores sobresaltos. Después llegaron partidos muy exigentes contra Cabo Verde y Egipto, dos selecciones que demostraron ser mucho mejores de lo que muchos imaginaban. Son países sin historia futbolística, pero jugaron mejor que muchos países que estuvieron en el campeonato. Argentina tuvo que exigirse mucho más de lo esperado y, en esos encuentros, Messi volvió a convertirse en el salvador de la patria.
P —¿Cómo imaginás la semifinal frente a Inglaterra?
AF —Va a ser un partido muy difícil. No imagino grandes diferencias ni goleadas. Argentina llega con un importante desgaste físico pero va a competir de igual a igual. Enfrente tendrá un rival que se siente superior. Será un encuentro parejo, áspero e intenso que tendrá la atención puesta sobre Messi. La Selección deberá mejorar defensivamente porque Inglaterra, si bien tampoco tiene una defensa sobresaliente, cuenta con futbolistas de mucha jerarquía desde la mitad de la cancha hacia adelante.
P —¿Qué importancia tiene este partido desde el punto de vista político e histórico?
AF—Siempre se mezcla lo deportivo con lo político. Scaloni hace bien en intentar bajar esa carga simbólica del partido. A veces pareciera que Argentina e Inglaterra no jugaran desde 1986, cuando en realidad volvieron a enfrentarse en los Mundiales de 1998 y 2002. Ojalá no ocurra ningún incidente. Lo que más me preocupa es el desconocimiento que tienen los organizadores estadounidenses sobre el clima que genera el fútbol. Sería ideal que cada hinchada tenga su sector claramente diferenciado para evitar problemas. También deberán controlar la previa y los festejos. El periodismo también tiene una responsabilidad: no alimentar la bravuconada permanente. Dicho esto, el encuentro tendrá la importancia de lo que significa chocar contra un país que fue una especie de dueño de la Argentina y el mundo durante el siglo XIX. No es lo mismo enfrentar a Inglaterra que a Noruega. Además tendrá el condimento de que será la primera vez que Messi enfrente a Inglaterra. Pero sigue siendo un partido de fútbol. Francia y Alemania jugaron una final del Mundial apenas dos décadas después de la Segunda Guerra Mundial y eso no impidió que fuera un encuentro deportivo más allá del polemice arbitraje en la final.
P —En las redes sociales y en parte del periodismo internacional volvieron a aparecer acusaciones de supuestas ayudas arbitrales para Argentina. ¿Qué opinás?
AF —A las redes sociales hay que darles la importancia relativa que tienen. El periodismo extranjero tiene los mismos problemas que el argentino: hay sensacionalismo, venta de humo y gente que prioriza la bandera antes que el análisis. De acá al partido con Inglaterra vamos a escuchar todo tipo de exageraciones, tanto desde Argentina como desde otros países. Forma parte del clima que generan estos partidos. Pero tanto la expulsión de Embolo como el gol anulado a Egipto fueron decisiones aceptadas por las ternas arbitrales.
P —¿Cómo interpretás el rechazo que despierta la Selección argentina en algunos países, especialmente en México?
AF —Tiene mucho que ver con la envidia deportiva. México ha tenido la mala fortuna de tener que enfrentarse y ser eliminado de varios mundiales por Argentina. Eso alimentó una rivalidad que, desde nuestro lado, prácticamente no existe. De hecho, durante la dictadura muchos argentinos se exiliaron en México y fueron muy bien recibidos. Parte de la población sigue agradecida con el pueblo mexicano por eso. Nuestra rivalidad histórica siempre fue con Brasil y, en menor medida, con Uruguay. También es cierto que muchos argentinos son soberbios, fanfarrones y transmiten una imagen poco simpática. Eso genera rechazo. No creo que exista una campaña organizada contra Argentina; simplemente hay comportamientos que no ayudan. El argentino se cree el dueño de todas las canchas a donde va. Le damos al fútbol una importancia hegemónica por encima de todos los demás países.
P—¿Qué opinión tenes sobre la organización del mundial?
AF— Nunca me gustó que el Mundial se volviera a jugar en Estados Unidos. Se privilegia el negocio antes que el espectáculo. Se juega en zonas con muchísimo calor y humedad, hay distancias enormes entre sedes y los costos hacen que sea un Mundial para ricos. La gente común tiene enormes dificultades para asistir a los partidos. Ahora vemos una enorme cantidad de hinchas argentinos pero en su mayoría son gente de plata que desprecia lo popular y se sube al carro del fútbol por moda. Además, Estados Unidos nunca tuvo al fútbol entre sus prioridades deportivas, aunque pretende manejar cada vez más este negocio. La FIFA acompaña esa lógica porque privilegia el dinero por encima de cualquier otra consideración. Por eso quiere seducir a los magnates norteamericanos para convertir clubes europeas en Sociedad Anónimas Deportivas. También buscan avanzar en un mundial con más equipos para sumar a países como China e India al negocio.
P—¿Qué análisis hacés del presente de Francia y de su potencial en el torneo?
AF—En este mundial Francia tiene mayor poderío ofensivo que en Qatar. Por eso están esperando una revancha con Argentina. Tiene un potencial enorme. También es cierto que el fútbol francés refleja la historia de sus inmigraciones y de sus antiguas colonias que manejaban despiadadamente, algo que se observa claramente en la conformación del plantel. En 1958, cuando Francia salió tercera con ese gran equipo que terminó perdiendo la semifinal contra la Brasil de Pelé, el goleador del campeonato fue Just Fontaine, que hizo 13 goles en un mismo campeonato. Fontaine era marroquí y jugaba en el campeonato de Marruecos. Los franceses lo vieron y lo llevaron a jugar a Toulouse. Pasó a ser el ídolo local y lo presionaron para que se nacionalizara. Ahora queda más expuesto porque los franceses en general son blancos y los que vienen de las colonias africanas son negros. Ese es el problema que tiene mucha gente. Son las circunstancias de las inmigraciones, guerras y dictaduras que exceden al deporte, pero que terminan teniendo impacto en los mundiales.
P—Cada vez hay más futbolistas que representan países donde no nacieron. ¿Es un fenómeno que te preocupa?
AF—Sí, porque en algunos casos se desvirtúa el sentido de las selecciones nacionales. Hay situaciones lógicas por cuestiones familiares o migratorias, pero otras son difíciles de justificar. Curazao, una isla que ni siquiera es independiente, llegó a tener casi todo su plantel nacido en Países Bajos que no tenían lugar en su selección. También aparecen casos como el de Michael Olise, que nació en Alemania, creció en Inglaterra y representa a Francia. Creo que debería existir algún límite para evitar que las selecciones se transformen simplemente en una elección deportiva.