El fútbol no estuvo -ni está- exento de toda esta cuestión. Adidas captó esta nueva tendencia y no solo lanzó a la venta una colección homenajeando a los modelos deportivos de 2006 en formato tradicional y oversize, sino que también sacó camisetas más del estilo retro de las distintas selecciones a las que viste.
adidas 2006
Así es la reedición de Adidas en homenaje a la colección de 2006.
Y a todo ese furor también se suman las camisetas chinas, que además de ser atractivas por su precio, también son cada vez más elegidas por los usuarios gracias a los modelos a la venta.
La camiseta del Bati de la Fiorentina, la del Diego en el Mundial 94 o la de Nápoli son solo algunos de los ejemplos que hacen que futboleras y futboleros puedan acceder a indumentaria de más de 30 años atrás, respetando texturas, diseño y tela. Sin olvidarse, por supuesto, de la posibilidad de sentirse más cerca de los ídolos de la infancia.
El fútbol, un producto que también resultó prisionero de la inmediatez
Una de las costumbres infaltables para la época mundialista es el lanzamiento del álbum de figuritas. Pero, a diferencia de años anteriores, en este año en particular se pudo observar una tendencia: la necesidad de llenar el álbum antes de que comience el torneo.
Y con esto, hay varias cosas para analizar: la gracia, históricamente, era la de hacer tu propio control de figus e intercambiarlas con tus compañeros en el recreo o con tus amigos del barrio. Hoy, parece que ni hubiera tiempo para ello, porque se compran paquetes en cajas y ya lo que era un ritual colectivo, pasó a ser una actividad individual donde la única meta es llenar el álbum como objetivo meramente individual.
Y en otras épocas, justamente completar el álbum era para algunos pocos. En cambio, lo divertido era tener la posibilidad de aprender otras habilidades sociales, como tener un primer acercamiento a la negociación y también a darle un valor determinado a tus figuritas. Como será que ese hábito se perdió tanto que durante las últimas semanas se organizaron encuentros en distintos puntos de la ciudad, como Parque Rivadavia, uno de los últimos bastiones de la antidigitalidad.
"El placer en el fútbol sigue estando para mí porque tener el álbum de figuritas siempre existió, el hecho de tenerla más difícil y completar el álbum antes también pasaba, lo que pasa es que ahora va todo a otro ritmo. Antes juntabas las figuritas mientras se jugaba el Mundial", comentó.
Y luego profundizó: "Si no llenaste el álbum antes de que arranque el mundial, sos un desastre, ¿cómo que no lo llenaste? Además, ahora no solo está el hecho de disfrutar de las cosas, sino de demostrar que estás disfrutando".
album figuritas mundial
Juntar figuritas hoy implica llenar el álbum.
Por otro lado, el ejercicio de juntar e intercambiar figuritas ya no solamente es un tema de niños: otra vez, la nostalgia hace su juego y atraviesa a los adultos. Lo que era una actividad que tenía únicamente marco escolar, los adultos son quienes se compran los paquetes y reviven, de cierta manera, esa magia de abrir paquetes como en una especie de dicha doble, para acompañar a sus hijos y para recordar lo que se sentía esa apertura de sobres azarosa.
Castro, por su parte, así lo entiende: "Todo está atado también a una realidad, o sea, el fútbol no escapa de la sociedad, digamos, hoy todo es muy así dopamínico. Uno necesita los estímulos y las emociones todo el tiempo: en el fútbol pasa también en la cancha".
Y yendo a lo más local del fútbol, esta necesidad de dopamina o de resultados inmediatos hace que cada vez todo dure menos. Insultos en las primera fecha, proyectos deportivos que no resisten y ya todo es éxito o nada en medio de una época donde la aceleración es la norma.
En la misma línea, Juan Castro hizo su reflexión en torno a las redes sociales, porque para él, "el hecho de tener un celular y poder subir un video, incluso ni siquiera para subirlo, para mostrárselo a un amigo o lo que sea, es porque la gente quiere mostrar que está siendo feliz, haciendo algo o mismo estando en la cancha. Entonces, los consumos han cambiado mucho a nivel social y el fútbol no escapa a eso".
El caso de Tim Payne: la estrella del Mundial que no jugó ni un solo minuto
La situación del futbolista de Nueva Zelanda es una de las más insólitas en la historia de la Copa del Mundo. Después de que el streamer argentino Scarso contara que era el que menos seguidores tenía respecto del resto de los futbolistas, el fenómeno se disparó y hoy tiene más de 5 millones en Instagram, más personas que las que viven en el país.
"Es como una de las figuras del Mundial sin haber hecho nada porque no hizo absolutamente nada. Y es curioso eso porque antes, para destacarte, para ser figura de un Mundial, tenías que mínimo hacer un gol o destacarte en un partido o ser figura en varios partidos, ¿no?", opinó Castro, a la vez que agregó: "Estoy pensando en jugadores, no sé, desde Roger Milla en el 90 o incluso René Higuita por haberse mandado una macana en un partido en un Mundial".
Tim Payne
El fenómeno global de Tim Payne es un síntoma de época.
Redes sociales
En ese sentido, el periodista argumentó que el reconocimiento "lo hacían jugando, no era por lo que pasaba por fuera". Y refutó que "esto tiene que ver también como cómo han cambiado las cosas y es natural que pase, sí, creo que es obvio que es natural y nos pasa a todos también. Pero aún me parece que sigue habiendo espacios para para emocionarse realmente".
¿Desaparecieron los rituales? ¿La inmediatez nos quitó la emoción?
Puntualmente en Argentina, Qatar 2022 fue un Mundial fuera de serie. Por primera vez desde su creación, el torneo era en diciembre, en pleno verano. Y no solo verano, sino que el Mundial agarraba al país con casi toda actividad terminada, un pie en las vacaciones y todo el ambiente era de relajación. Y con un final consagratorio.
Este año el certamen volverá a ser en junio y, a diferencia de sus ediciones anteriores, se podrá ver a través de distintas plataformas que funcionan en todos los dispositivos. Eso, indefectiblemente, también atenta contra el ritual de juntarse porque hoy por hoy, cualquier persona puede ver los partidos desde la comodidad desde donde esté.
De todas maneras, las rutinas en Argentina ya comenzaron a modificarse de cara al único partido de la fase de grupos que cae en horario laboral: tele en el cole o el trabajo, u horarios reducidos para no perderse a La Scaloneta. Habrá que aferrarse a esa juntada, a esa picada en familia o con amigos para mantener el espíritu vivo y que el sentido de lo inmediato no mate lo colectivo.
Según Castro, todavía hay esperanzas para los sentimientos: "En el último Mundial lo comprobamos, sigue habiendo momentos para emocionarse por el fútbol, por lo que realmente y verdaderamente importa".
Volviendo a la nostalgia, no sé si es que todo tiempo pasado fue mejor... sino que estas cuestiones nos hacen añorar esos tiempos en los que todo perduraba y nada era descartable ni efímero.
Será que no se trata únicamente de la falta de clima mundialista... será que los treintañeros tenemos cuentas que pagar, preocupaciones, familia. O simplemente estamos grandes y hay que hacerle lugar al cambio, entendiendo que hoy el fútbol se vive de manera diferente.