

El Gobierno sorteó sin grandes sobresaltos la semana posterior a la salida del cepo y busca contener la inflación con métodos que alimentan las comparaciones odiosas con Guillermo Moreno. Detrás de las ruidosas celebraciones del presidente y su entorno se ocultan realidades como la fuerte pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

La Casa Rosada hizo malabares discursivos para convertir el gesto proteccionista de Trump en otra cosa e intentar disimular la desprotección que tendrá la economía argentina, completamente abierta a los productos extranjeros.

La brutal pérdida de reservas da señales de un modelo que se agota. El desembolso del FMI parece brindar cada vez menos certezas de estabilidad a un Gobierno que pende del hilo de una posible devaluación. La esperanza libertaria está puesta en la división del peronismo, que esta semana tuvo un nuevo hito en el Senado.
Las tensiones dentro y fuera del Congreso que marcaron los últimos días dan cuenta de un nuevo escenario en el que el Gobierno ve como se diluye su control sobre la agenda pública. La masiva venta de dólares del BCRA, el demorado acuerdo con el FMI y el lento despertar de la CGT, otras nubes oscuras en el cielo libertario.
Después de un año de mandato, los efectos de las medidas de ajuste se sienten en la economía real con una caída catastrófica del consumo, creciente recesión y un recalentamiento de los reclamos sociales. El Fondo como única opción para que el plan no fracase.
El Presidente no tiene reversa y avanza con virulencia para dejar atrás la estafa cripto, pero, sobre todo, la falta del acuerdo con el FMI, que hace tambalear la economía.
A pesar de haber pasado una de las semanas más complejas de su presidencia, el libertario cumplió con dos de sus tres objetivos: se sacó la foto con Trump y logró triunfos claves en el Congreso, aunque le faltó cerrar el acuerdo con el FMI. La oposición, en cambio, continúa con su pelea a cielo abierto tras el lanzamiento del nuevo espacio de Kicillof.