"Está en buenas manos": se supo quién se quedó con la bandera de Malvinas que desplegó la Selección argentina

Se filtró una fotografía que reveló quién es la persona que guardó la insignia, después de que el mundo quedara revolucionado por la actitud de los jugadores tras ganarle a Inglaterra.

En la previa de la gran definición ante España, llegó la esperada actualización sobre el destino de la bandera de Malvinas que recorrió el mundo luego de que los argentinos la mostraran tras el histórico triunfo ante Inglaterra.

El encargado de revelar el misterio fue Patricio Auber, el mozo de la Selección Argentina que acompaña al plantel durante toda su estadía en Estados Unidos. A través de una publicación en su cuenta de Instagram, posó junto a la bandera y escribió un mensaje que rápidamente se volvió viral: “A quien corresponda... ¡Está en buenas manos!”.

Con este gesto, quedó confirmado que el trapo permanece bajo el resguardo de la utilería y del staff de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en la concentración. El emblemático lienzo ya viajó junto a la delegación rumbo a Nueva York, ciudad donde la Albiceleste buscará revalidar el título mundial.

Si bien en X lograron contactar a los familiares del dueño de la bandera, éste aclaró que quiere manter su identidad resguardada dado que quiere disfrutar del Mundial hasta el final.

Efecto bandera: la prensa de Reino Unido plantea que las Malvinas "no pueden ser británicas para siempre"

La aparición de la bandera con el lema "Las Malvinas son argentinas" durante los festejos de Argentina vs. Inglaterra en la semifinal hizo mella en Reino Unido y reabrió el debate: la prensa plantea que las islas "no pueden ser británicas para siempre".

Mientras algunas señales tildaron el gesto de los futbolistas de "arrogante", un inesperado e importante respaldo al diálogo surgió desde el propio territorio británico: el prestigioso diario The Guardian publicó una columna en la que insta formalmente al Reino Unido a retomar las negociaciones diplomáticas con la Argentina.

Bajo el título "No pueden ser británicas para siempre", el reconocido periodista Simon Jenkins realizó un pormenorizado repaso histórico sobre los territorios coloniales que paulatinamente dejaron de responder a la corona británica.

El columnista citó el histórico acuerdo que se selló en Bruselas entre el Reino Unido y España en torno a Gibraltar, que significó la eliminación del enrejado fronterizo y el fin de una disputa de décadas. Apenas 24 horas después de esa firma, el reclamo por Malvinas resurgió en la Copa del Mundo, lo que llevó a Jenkins a cuestionar: "¿Es mucho esperar que pasen cosas buenas después de lo de Lionel Messi y Harry Kane?

En su argumentación, el periodista británico criticó con dureza el costo económico que representa el archipiélago para las arcas de su país, señalando que "ninguno de los territorios de la era imperial tiene el derecho eterno de permanecer inalterable", y menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas al año en materia de defensa.

Según la óptica de The Guardian, la férrea resistencia de Londres a discutir la soberanía responde más bien a la inyección de popularidad que la guerra de 1982 le otorgó en su momento a Margaret Thatcher, sumado al hecho discriminatorio de que los isleños, a diferencia de los habitantes de Hong Kong o Diego García, eran ciudadanos británicos blancos.

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La bandera de Malvinas que desató la tormenta en Reino Unido.

Jenkins recurrió a los archivos históricos y detalló que para 1971 ya existían acuerdos de conectividad que permitían a los isleños viajar al continente para atenderse en hospitales y utilizar servicios, generando lazos estrechos con la costa argentina por una mera cuestión de sentido común geográfico y economía de recursos. En aquel entonces, para Londres resultaba ridículo financiar una gran maquinaria de guerra para defender tierras tan distantes.

Finalmente, el artículo lamentó la invasión militar dispuesta por la dictadura argentina en 1982, haciendo hincapié en los esfuerzo de Estados Unidos y Perú para evitar el conflicto: “Tal fue la lógica de la guerra que, una vez que comenzó, requirió una ‘victoria’. Un trato podría haber salvado a cientos de vidas y miles de libras”.

Por el otro lado, Jenkins fustigó que ese enfrentamiento haya congelado la discusión durante más de cuarenta años por parte del Reino Unido, argumentando que los resultados del referéndum de 2013 no son justificación suficiente para la inacción.

Concluyendo con una mirada pragmática, el autor advirtió: “La realidad es que estas colonias, inevitablemente, tarde o temprano, se convertirán en parte de sus continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por un patrón europeo y los reclamos argentinos no se irán a ningún lado”.

“Tarde o temprano, el gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de reanudar las negociaciones. Como están las cosas, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth y el ministro de Defensa pospondrán el problema”. Por último, concluyó: “sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acción”.