“La batalla de Santiago”, así se denominó al partido más violento de la historia de la Copa del Mundo. Se jugó el 2 de junio de 1962, en el estadio Nacional de Chile, cuando la Selección local enfrentó a Italia por la segunda fecha de la primera ronda. Ambos protagonizaron un duelo muy áspero, tuvo dos expulsiones y cuatro veces fue interrumpido por las peleas entre los jugadores, lo que generó la intervención de los Carabineros.
Tras la histórica expulsión de un jugador argentino, un inglés inventó las tarjetas para México 70
Luego del escándalo que protagonizó Antonio Rattín contra Inglaterra en 1966, la FIFA tomó nota de la falta de señalización de las sanciones a los futbolistas y decidió incluir la amarilla y la roja.
Trompadas, patadas a la rodilla y a la altura de la espalda. Jugadores decididos a pelearse en cada sector de la cancha. ¿Fútbol? Poco y nada. Sólo para destacar los dos goles de Jaime Ramírez y Jorge Toro, que le dieron el triunfo a Chile por 2-0. Lo vivido en aquella tarde negra para el juego, le permitió al árbitro inglés Ken Aston entender que era momento de realizar un cambio en el fútbol para controlar a los futbolistas.
Cuatro años después, cuando ya había colgado el silbato, Aston pasó a presidir el Comité de Árbitros de la FIFA durante el Mundial de Inglaterra 1966. Su objetivo era evaluar los fallos arbitrales y observar qué cuestiones debían cambiar para mejorar la fluidez de los partidos. Fue entonces cuando ocurrió un suceso histórico: la expulsión de Antonio Rattín, volante de la Selección argentina. Un hecho que terminó de cambiar el juego.
En el mítico estadio Wembley de Londres, por los cuartos de final, Argentina jugó contra el elenco británico. En el minuto 35, Rattín se quejó de los fallos localistas del árbitro alemán Rudolf Kreitlein, que decidió echarlo. Hasta ese momento no existían las tarjetas, por eso el referí le señaló que se retirara del campo rumbo a los vestuarios. El volante de Boca no acató, pidió un traductor y llegó a sentarse en la alfombra de la Reina Isabel II. Tras 10 minutos, se marchó. Luego, la Albiceleste perdió 1-0 con el futuro campeón del mundo.
La expulsión de Rattín fue el detonante final, que sumada a la violencia entre Chile-Italia en 1962, generó que Ken Aston pusiera toda su energía para crear una manera de controlar a los futbolistas. Por ello, creó las tarjetas para sancionar: “Mientras conducía por la calle Kensington de Londres, el semáforo se puso en rojo y pensé: ‘amarillo, puedes aún pasar, rojo, alto, fuera del terreno”. Luego, su esposa Hilda le armó ambas con cartulina roja y amarilla. Así, presentó la idea a la FIFA y comenzó a implementarse en la Copa del Mundo de México 1970.
Ángel Coerezza, el árbitro argentino que estrenó las tarjetas
"Los jugadores de antes eran más difíciles que los de ahora. Aquella viveza criolla se cambió por el juego limpio", le sintetizó a C5N.com el exárbitro argentino Ángel Coerezza acerca del descontrol que existía en los campos de juego y el cambio abrupto que se produjo con la inserción de las tarjetas para indicar la amonestación y la expulsión. "No tenés que hablar, sino dirigir con el silbato y las tarjetas", resumió sobre el accionar.
Coerezza fue designado para dirigir en México 1970 y tuvo el privilegio de ser el juez argentino que estrenó las tarjetas: "Para la preparación previa nos reunimos en la Universidad de México. Allí nos explicaron cómo debíamos proceder. El árbitro debe sacar la tarjeta con la mano contraria a la que utiliza el silbato. Levantando el brazo bien en alto. Entonces, se paraba como una estatua y actuaba. Se terminó el manoseo que perjudicaba el espectáculo. Los ingleses querían continuidad".
La organización le suministró a cada árbitro dos juegos de tarjetas. Coerezza dirigió México-Bélgica (primera ronda) y Alemania-Inglaterra (cuartos de final). Además, fue juez de línea de la final entre Italia y Brasil, que coronó a la Verdeamarela. En total, amonestó a seis jugadores, pero no expulsó a ninguno. "Tuve la suerte de estar en el momento histórico, de repente habría árbitros mejores o que podrían haber estado allí, pero me tocó a mí", indicó el juez que se retiró en 1978 tras impartir justicia en el partido inaugural entre Alemania Federal y Polonia.
La amonestación y la expulsión más rápidas de los mundiales
El jugador mexicano Jesús Gallardo tiene el récord de la amarilla más rápida de la historia: a los 15 segundos del primer tiempo del encuentro entre México y Suecia en Rusia 2018. Mientras que la roja más veloz la recibió el charrúa José Batista a los 56 segundos del duelo entre Uruguay y Escocia en 1986.
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