El papa León XIV cerró su primer día en Uruguay con un duro discurso en Montevideo
En el inicio de su discurso, León XIV evocó la histórica frase del prócer Artigas -“Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”- para remarcar que en esa premisa el prócer “unía el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce”. Al hacer referencia a los 40 años de democracia ininterrumpida en Uruguay, el Pontífice fijó posición sobre la vida pública y espiritual de la nación: “El carácter laico del Estado está llamado a garantizar un espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto, porque hay valores que son universales. Esta neutralidad no exige que la dimensión religiosa quede confinada al ámbito privado”. A su vez, al destacar la matriz de energías renovables del país, sostuvo que “el bien común comprende también la responsabilidad de transmitir a quienes vendrán después los bienes que hoy hemos recibido”.
En el tramo más enfático de su mensaje sobre los derechos humanos y el ámbito social, el Santo Padre defendió el valor de la vida en el vientre materno señalando que “quien todavía no ha nacido pertenece a la nación humana y al futuro de su pueblo; su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece”, agregando que “la protección de quien va a nacer y el apoyo de quienes lo acogen son inseparables”.
Tras mencionar sus recientes problemas médicos, reclamó que “procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad”. Finalmente, abordó la problemática de la salud mental advirtiendo que “nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos, ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia”, y pidió regular la tecnología para que “la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”.