Los precios internacionales del petróleo rebotaron al cierre de la semana: el barril de Brent, referencia para el mercado europeo, registró una suba del 3,4% para cotizar a u$s109,51 -tocando un máximo de sesión de u$s109,58 y acercándose a la barrera de los u$s110 por primera vez desde mayo—, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) de Estados Unidos trepó hasta los US$ 101,41 por barril, marcando su valor más alto en un mes. Con este resultado, el crudo acumuló un avance semanal de más del 10% en el caso del WTI y una suba superior al 70% en lo que va del año.
El principal motor de la escalada responde a la severa reactivación del conflicto en Medio Oriente y la consecuente amenaza sobre el transporte marítimo internacional de energía. Las operaciones militares y las hostilidades navales en el estrecho de Ormuz -por donde transita habitualmente cerca de una quinta parte del crudo mundial- redujeron el tráfico de buques un 70% por debajo de sus niveles previos. Organismos de seguridad marítima reportaron múltiples ataques contra embarcaciones comerciales en los últimos días, elevando la inquietud de los inversores ante una posible interrupción del flujo energético.
A la par del bloqueo en el Golfo Pérsico, las acciones armadas de las milicias hutíes respaldadas por Teherán encendieron alarmas tras lanzar misiles contra el Palacio Presidencial Al-Maashiq en Adén, Yemen, y concretar incursiones contra infraestructura petrolera y aeropuertos de Arabia Saudita. La caducidad de las treguas entre Washington e Irán impulsó nuevamente la tendencia alcista en los mercados, revirtiendo el período de calma previo en el que la cotización del Brent rondaba los u$s73 por barril.
De forma simultánea, el frente bélico entre Rusia y Ucrania sumó un nuevo foco de tensión tras el abandono del compromiso de alto el fuego sobre infraestructuras estratégicas. Ataques con drones afectaron la refinería rusa de Riazán -forzando la suspensión de una unidad de destilación primaria- y dañaron instalaciones del gigante gasífero Gazprom en la región de Janti-Mansisk. Estos episodios, sumados a las dudas de los analistas sobre la capacidad real de Moscú para abastecer de diésel a los mercados internacionales, reforzaron la presión sobre las pizarras financieras.
Finalmente, los datos sobre los inventarios comerciales de crudo en Estados Unidos mostraron una contracción mucho más profunda que la prevista por el mercado, con una caída de 8,6 millones de barriles en la última semana reportada. Frente a este panorama, la Agencia Internacional de Energía acordó la liberación de más de 20 millones de barriles para amortiguar el impacto en la oferta, mientras consultoras internacionales elevaron al 65% las probabilidades de una mayor escalada geopolítica en el corto plazo.