Joaquín Ferreira construyó gran parte de su carrera lejos de la Argentina. Se fue a México sin saber que allí descubriría la actuación y terminó formando parte de Club de Cuervos, la primera serie de Netflix de habla hispana. Después de años de trabajo y formación en distintos países, logró aquello que durante mucho tiempo buscó: volver a trabajar en su país. Tras participar de producciones como Coppola y La hija del fuego, hoy disfruta de la repercusión de Moria, la serie en la que se puso en la piel de Luis Vadalá.
Joaquín Ferreira, íntimo: quién es el actor que interpretó a Luis Vadalá en la serie de Moria Casán y se llevó todas las miradas
El actor argentino charló en exclusiva con C5N sobre sus primeros pasos en México, las ganas de encabezar nuevos proyectos en el país y el detrás de escena de la serie que repasa la vida y obra de la vedette.
El actor le abrió las puertas a C5N de su casa en Argentina, un espacio lleno de arte y objetos vinculados a su faceta artística que hablan por sí solos de quien vive allí. Prepara un café mientras charla sobre las entrevistas que brindó en los últimos días por la serie Moria y reconoce que está muy contento con la repercusión que tuvo. En ese ambiente íntimo y distendido, comienza a repasar una carrera que nació casi por casualidad y que lo llevó a trabajar en distintos lugares del mundo.
Joaquín Ferreira, el actor que descubrió su vocación caminando por las playas de México
Antes de convertirse en actor, Ferreira había transitado por el arte, la arquitectura y el diseño gráfico. Trabajó en marketing y hasta había emprendido un restaurante de sushi junto a unos amigos. Sin embargo, a los 24 años decidió cerrar todo y dejar atrás una vida estable para instalarse en México. No tenía un plan definido ni sabía todavía cuál sería su profesión: simplemente se fue en busca de algo que realmente lo movilizara.
"Y me fui a buscar algo. De hecho, tengo un mail que le escribir a un amigo desde allá. Le digo: 'Estoy buscando algo que me guste. Puede ser una mujer, puede ser un lugar, puede ser un deporte, puede ser una profesión, puede ser lo que sea, pero quiero encontrarme'", recuerda.
Instalado en México y decidido a formarse como actor, Ferreira comenzó a estudiar actuación; uno de sus profesores notó su potencial y decidió llevarlo a TV Azteca. "En TV Azteca hacían castings y, si quedabas en esos castings, te pagaban por estudiar. Entonces podías vivir y estudiar todo el día. Eran once horas de lunes a sábado, todos los días once horas. Tenías de todo. Danza clásica, danza contemporánea, lucha escénica, aprendías a usar cámaras, aprendías todo", recordó.
El desembarco en Netflix y los proyectos que marcaron su carrera en Argentina
Ferreira se presentó a un casting para Club de Cuervos, la primera serie de Netflix de habla hispana. La producción buscaba a un actor argentino tatuado y Joaquín encajó en el perfil. Consiguió el papel de Potro Romani y lo que comenzó como una oportunidad laboral terminó convirtiéndose en el proyecto que le abrió las puertas de la industria.
El éxito de su personaje le permitió permanecer durante las cuatro temporadas de la serie y fue tal la repercusión que Netflix decidió darle su propia historia con un spin-off: Yo, Potro. "Hicimos cuatro temporadas y me hicieron un spin-off de mi personaje", recuerda sobre aquel momento que terminó consolidando su carrera en México.
Sin embargo, mientras crecía profesionalmente en el exterior, Ferreira tenía un objetivo pendiente: trabajar en su propio país. De hecho, el spin-off terminó filmándose en Argentina, aunque todavía tendría que esperar varios años para lograr instalarse laboralmente en la industria local. "Yo en ese momento lo único que pensaba era venir a trabajar a Argentina. Y me costó ocho años más poder volver", reconoce.
En esa búsqueda hubo un encuentro que terminó cambiando la historia. Durante uno de sus regresos hizo un casting con Pablo Culell, quien, lejos de ofrecerle un papel, le recomendó que siguiera estudiando actuación. Ferreira tomó aquellas palabras como un desafío: "A mí, te digo la verdad, me sirvió. A mí me sirvió porque me puse a estudiar, a estudiar, a estudiar y me puse en la cabeza: 'Yo quiero que a mí me reconozcan como un buen actor'".
Mientras desarrollaba su carrera en el exterior, se seguía perfeccionando profesionalmente: "No paré de estudiar y sigo estudiando, la verdad, porque me encanta. Descubrí algo ahí", aseguró.
Una década después, siente que su objetivo de consolidarse en tierra argentina empieza a hacerse realidad: "Está empezando a pasar, me llevó 10 años en vida para que eso suceda". Buenos chicos, Coppola, La hija del fuego y, ahora, Moria, aunque su carrera continúa dividida entre el país y el exterior.
"Estoy trabajando en las producciones nacionales, pero es poco. Si quiero laburar todo el año no puedo", explica. Por eso, aunque admite que le "encantaría" quedarse en Argentina, por ahora viajar sigue siendo parte de su profesión: "Entonces quiero estar actuando lo máximo que pueda. Tengo que trabajar afuera".
Joaquín Ferreira, en la piel de Luis Vadalá
En medio de ese regreso a la ficción argentina apareció la posibilidad de interpretar a Luis Vadalá en Moria. Para construirlo, se sumergió en el archivo sobre quien fue una de las parejas más recordadas de Moria Casán. "Vi un montón. Todo lo que hay en YouTube", reveló. Sin embargo, el objetivo no era lograr una copia exacta: "Lo que se buscaba en la serie en general no era una imitación, sino una interpretación de la energía del personaje".
Para forjar a Vadalá, el actor decidió aportar elementos propios. En este sentido, asegura que varias de las actitudes que se ven en pantalla no estaban originalmente escritas en el guion, sino que surgieron de su propia interpretación. "Le agregué la mirada, le agregué que le toque la teta a Moria enfrente de su hija, apoyarme a Moria enfrente de su hija, decirle que me la quiero comer, todo eso no estaba en el libro. Todo eso lo sumé yo", revela.
Su aporte surgió luego de estudiar durante horas los archivos y entender la intimidad de la pareja: "Porque había escuchado que eso pasaba en la casa y lo quise mostrar, lo quise jugar". Y esa forma de encarar a Vadalá responde también a su manera de entender la actuación: "Yo trabajo para que se me ocurran cosas. Yo a mis personajes le meto. Nunca hice algo que yo no haya metido nada. Si no, me aburro. Hacer lo que me digan no me sale".
A pesar de haberse puesto en la piel de uno de los hombres que fue parte de la vida sentimental de Moria Casán, Ferreira no tuvo una charla con la diva para construir el personaje. Solo la había visto una vez, cuando compartió elenco con su hija. "Yo a Moria la había visto, porque hice una película con Sofía Gala hace un montón", recuerda. Esa vez apenas llegaron a saludarse: "Ella estaba a mil".
Sin embargo, Ferreira espera que en algún momento llegue esa conversación pendiente con la icónica vedette. "Yo imagino que en algún momento nos vamos a ver y vamos a charlar porque va a suceder. Ese encuentro va a pasar", asegura.
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