Osvaldo Papaleo, sobre el golpe de Estado: "Vimos a la presidenta en el helicóptero y supimos que habían tomado el poder"

A 50 años del quiebre institucional, el exsecretario de Prensa de Isabel Perón recordó la dramática tarde en la terraza de la Casa Rosada y el fin del gobierno constitucional. Un testimonio clave en el ciclo de entrevistas exclusivas de Radio 10, con Gustavo Sylvestre y otros periodistas, para mantener viva la Memoria.

El periodista Osvaldo Papaleo recordó cómo fue el momento en que se enteró del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y el comienzo de lo que sería la última dictadura de la Argentina. Fue el último secretario de Prensa y Difusión del gobierno de María Estela Martínez de Perón, entre los años 1974 y 1976, derrocado por los militares genocidas al mando de Rafael Videla.

En una entrevista exclusiva con Gustavo Sylvestre en Radio 10, en el marco de los 50 años de la dictadura, el militante de Derechos Humanos remarcó: "Estaba en la Casa Rosada, en una reunión de Gabinete. La presidenta subió a la terraza para que la llevaran en helicóptero. Era la tarde del 23 de marzo (1976), y nos dimos cuenta que habían tomado el poder".

Como parte de su estrategia de represión y censura, lo primero que hicieron los militares fue "tomar la antena del Automóvil Club Argentino, que irradiaba a todo el país". El dirigente peronista contó que estuvo fuera de su casa por 48 horas hasta que lo detuvieron.

"Hice un paso de reconocimiento por la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) y nos llevaron a un barco del apostadero naval", contó. Estaban él y otros 60 funcionarios, entre ellos, el más cercano a la mandataria: Julio Carlos González, abogado y economista, quien se desempeñó como Secretario Legal y Técnico durante la presidencia de Martínez de Perón.

González le relató a Papaleo que la reunión entre Isabel y los militares fue "tensa" y "que le exigieron la renuncia". "Había una disyuntiva si renunciaba o no"; ese fue el tema entre el gobierno constitucional y sus integrantes, según el periodista. "Nosotros, con el movimiento obrero, dijimos que no", aseguró.

La idea de los militares era sacar a la mujer del General Perón de su cargo y reemplazarla por Ítalo Luder, que "era la sucesión natural", y que fuera definitivo para evitar el golpe militar. Pero no hubo consenso, y él no quiso traicionar a la mandataria. "Me van a sacar muerta de aquí", fueron las palabras de Isabel.

Sylvestre destacó que le hizo la única nota a Martínez de Perón cuando vino a Argentina en 1993, y contó que "ella dijo: 'Ese día me sentí traicionada por propios y extraños'". Y que lo que más le dolió fue la actitud de los "propios peronistas".

El político prefirió hablar de "abandono de lealtad" en vez de traición, y apuntó a los senadores y diputados que habían formado grupos disidentes para conservar sus derechos y su presencia. También indicó que "ellos creyeron en las promesas de los militares de que una transición democrática al estilo de Bordaberry (Juan María) era posible".

Papaleo hizo referencia al presidente constitucional de Uruguay, que dio el golpe de Estado el 27 de junio de 1973, gobernando de facto hasta 1976. "A nosotros no nos agarró el golpe sin saberlo. Nos quedamos sabiendo lo que venía", aseguró sobre el derrocamiento de la presidenta Isabel Perón por las Fuerzas Armadas.

En su relato, Papaleo aclaró que el golpe se "preveía" y, además, estaba la experiencia de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. "Había una situación geopolítica complicada, con dictadura en Uruguay, Chile y Brasil", subrayó.

El activista de Derechos Humanos contó cómo el periodista y director de La Opinión, Jacobo Timerman, quería convencerlo de las bondades de los militares en 1975. "Tuvimos una reunión y está Campolongo (Carlos) de testigo. Era opositor al gobierno peronista y me quería subyugar con los militares, y terminamos un año y medio después (1977), juntos, torturados en Puesto Vasco".

El Puesto Vasco fue un centro clandestino de detención que operó durante la última dictadura militar argentina en la provincia de Buenos Aires. Funcionó bajo la órbita de la Policía bonaerense, siendo un lugar clave para tareas de inteligencia y tortura por donde pasaron más de 60 personas, incluyendo figuras relevantes de la época.