Hace 25 años, la Argentina despedía a uno de sus cómicos y artistas más filosos y brillantes. Con un humor ácido y una facilidad pícara para criticar la realidad social y política del país con sarcasmo e ironía, Tato Bores marcó una huella en la cultura popular argentina y la televisión de masas.
Se cumplen 25 años de la muerte de Tato Bores, uno de los humoristas más brillantes de la Argentina
Fue un ícono del humor político en la televisión argentina. Además trabajó en radio, cine y teatro. Murió tras padecer un cáncer de hueso.
Su ciclo "Good show" de 1993, de Telefe, fue el último que lo mantuvo en pantalla, con 66 años. Un año después, lo operaron de una hernia de disco en la clínica Mater Dei y le prescribieron no volver a trabajar. Más tarde, un cáncer de huesos afectó su salud por los fuertes dolores y, alejado de su labor, viajaba a Uruguay para tratarse. Finalmente, murió en Buenos Aires el 11 de enero de 1996 en su departamento de Palermo, rodeado de su familia.
Tato Bores hizo radio, cine y teatro antes de lanzarse a la pantalla chica. El arte, sin embargo, no estaba en sus planes. El cómico no terminó la secundaria y tuvo un golpe de suerte cuando en una despedida de soltero subió al escenario a hacer chistes. En el "público" estaba Pepe Iglesias “El Zorro” quien inmediatamente le pidió que se sume a su equipo de Radio Splendid.
En 1957 debutó en televisión con el ciclo “Caras y morisquetas”, en Canal 7, donde comenzó a usar el frac, la peluca y el habano, y en 1992 tuvo un pico de éxito con “Tato de América”. Uno de los momentos icónicos fue cuando se disfrazó de Cristóbal Colón por los 500 años del descubrimiento de América. Ese mismo año fue censurado.
Carlos Menem y Domingo Cavallo fueron algunos de los políticos que pasaron por su programa. El ex presidente, incluso, fue entrevistado muchas veces, por lo que los rumores indicaban que mantenían una amistad. "No somos amigos", salió a aclarar Tato.
Entre los reconocimientos públicos están su Martín Fierro a Mejor Actor Cómico por el programa Tato, siempre en domingo, de 1960. En 1992, además, fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde finales de la década de 1980 su hijo Alejandro Borensztein, actual escritor, trabajó junto a su padre como guionista y director. Fue él quien tuvo la idea de que lleve patines, haya papelitos y brinde con champagne, además de comer fideos.
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