En cualquier parrillada no puede faltar el vacío. Esta carne que no tiene hueso, además es fácilmente desgrasable, y representa un corte magro y sabroso. Sin embargo, no todos saben cocinarlo correctamente y se suelen cometer graves errores, ya que si se pasa en la cocción, puede quedar arrebatada por fuera y cruda por dentro.
Afortunadamente, hay ciertos trucos para que el vacío salga como “una manteca” y los comensales queden satisfechos por la calidad de la carne. Lo primero que hay que saber es que un buen vacío para meter en la parrilla debe pesar entre los dos y los dos kilos y medio, lo que representaría casi el término ideal, ya que si es más grande, posiblemente haya que usar el cuchillo para cortarlo, ya sea que lo haga el mismo carnicero o el cocinero antes de poner la carne en la parrilla.
Y cuando el vacío se corta en crudo, tiene una pérdida de jugos que son esenciales para dos cosas clave: el sabor que tendrá una vez cocido y lo tierno que resulte al momento de masticarlo durante la comida.
Otro punto a tener en cuenta para que el vacío quede bien cocido y sea una manteca es no quitarle el cuerito antes de empezar la cocción, cuya presencia resulta clave ya que ayuda a que la carne no se seque y que, además, conserve el sabor.