Muchas veces nos preguntamos qué es la economía popular. Hay un consenso de muchos autores y Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) la definen como la organización económica en la cual sus integrantes, de forma individual o grupal intercambian, producen o desarrollan distintos procesos de financiamiento o producción de bienes (materiales o inmateriales) y servicios para satisfacer sus necesidades.
Significa mirar al trabajo como una actividad social desde una concepción amplia. Hablamos, por ejemplo, de cartoneros que están horas haciendo una tarea de reciclado urbano en la Ciudad de Buenos Aires o un vendedor ambulante de un tren que está haciendo la tarea de comercialización. Todos trabajadores que, desde después de la década del ´90 con el neoliberalismo furioso, fueron excluidos del mercado formal laboral y tuvieron que reinventar distintas estrategias para poder sostener sus niveles de ingresos.
Los trabajadores de la economía popular tienen esta cualidad en la cual ni son trabajadores con empleo formal registrado ni tampoco son trabajadores que están “en negro”.
Estos trabajadores se pueden organizar a través de unidades productivas, de distintos formatos que se hacen en las barriadas populares y lo que se busca es pensar esta economía que fue creciendo en los últimos tiempos. Según datos del Estado, el Registro Nacional de Trabajadores (ReNaTep), ascienden a más de 4 millones de personas. Según el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBap), asciende a 4.300 barrios populares en nuestro país.
Esto supone una discusión sobre qué se hace al respecto y hay ciertas propuestas ligadas a institucionalizar estas nuevas formas de relación laboral, a dotarlas de derecho o lugares donde puedan tener cobertura social, protección o herramientas de trabajo.
Por eso se hace incapié en la idea del salario básico universal, un proyecto que está en el Congreso. También en el monotributo productivo o en el salario social básico y complementario. Se parte de la noción de que son trabajadores que ejercen un trabajo, aunque muchas veces esas actividades no son reconocidas bajo la lógica tradicional del mercado formal.