La publicidad y la propaganda son dos términos que suelen confundirse y emplearse de manera errónea a la hora de hablar o escribir. Sin embargo, son actividades que tienen finalidades y objetivos muy distintos. Por eso, no deben usarse como sinónimos o alternativas.
Qué es publicidad
La publicidad se trata de difundir un producto o servicio, con el objetivo de aumentar las ventas. Es una actividad meramente comercial, y tiene como objetivo conseguir nuevos compradores o usuarios.
La publicidad se emplea de diferentes maneras: a través de anuncios televisivos, radiofónicos, impresos en presa, online, de exteriores, en el punto de venta, entre otras técnicas. No obstante, la finalidad siempre es monetaria.
Qué es propaganda
En cambio, la propaganda no se centra en un producto o servicio, sino que busca transmitir una actitud y/o idea. Su objetivo es convencer, captar adeptos e influir en un determinado grupo de personas.
La propaganda no es una actividad comercial. Por el contrario, se la suele utilizar para transmitir ideologías, políticas y religiones. A menudo, entra en acción en campañas electorales, reclutamiento de afiliados o captación de fieles.
La publicidad institucional es una categoría que suele generar confusión, ya que es empleada por el Estado o un gobierno, pero no tiene como objetivo ni vender un producto o servicio ni transmitir una idea. Más bien, las autoridades la emplean para comunicar a la sociedad acerca de un derecho u obligación (como cuando se busca informar sobre la fecha de las elecciones, por caso).
Diferencias entre publicidad y propaganda
En definitiva, la diferencia entre estos dos conceptos radica en el objetivo de cada uno. La publicidad va detrás del consumo; la propaganda, de la adhesión.
En ese sentido, en el primer término, el intercambio monetario siempre es un actor principal (mediante ventas o contrataciones); mientras que en el segundo, no de manera directa.