Atentado contra Cristina Kirchner: qué hacer con los discursos de odio

Dos especialistas opinaron cómo ponerle un límite a los discursos que generan hechos de extrema violencia.

El hombre que gatilló dos veces sobre la cabeza de la vicepresidenta es solo la punta del iceberg de un entramado de larga data donde desde un sector minúsculo de la dirigencia política y de sus medios partidarios repiten hasta el hartazgo distintos discursos violentos que estigmatizan y criminalizan a dirigentes populares o afines al peronismo.



Cristina asesina

En los días y meses previos al intento de magnicidio se registraron distintos discursos extremos que promueven la violencia: desde el pedido de pena de muerte contra Cristina, pasando por las distintas expresiones de deseo para erradicar al kirchnerismo y el pedido de mano dura contra los piqueteros y manifestantes peronistas, hasta llegar a los escraches, amenazas y piedrazos contra la vicepresidenta y las horcas, guillotinas y bolsas mortuorias que se vieron durante distintas marchas opositoras al gobierno.

“No es inocente ni gratuita la legitimación de discursos extremos, de llamados a la agresión, de planteos que niegan legitimidad democrática del adversario político. Nadie es individualmente responsable por las acciones de otros, pero quienes cedieron minutos de aire a los discursos de odio deberán reflexionar sobre cómo han colaborado para que lleguemos hasta esta situación”, expresó texto leído el viernes pasado en la masiva marcha que se realizó en Plaza de Mayo, con réplicas en todo el país, para repudiar el atentado y pedir por la paz social.

Frente a este escenario, C5N.com habló con la psicoanalista y escritora Nora Merlin, autora de libros como “Mentir y colonizar: obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal” y “Colonización de la subjetividad: Los medios masivos en la época del biomercado”; y con el crítico cultural, profesor e investigador, Gabriel Giorgi, coautor del libro “Las Vueltas del odio”, para entender qué son los discursos de odio, cómo surgen y cómo ponerles un límite.

Bolsas mortuorias

Discursos de odio

Para Merlin, los discursos de odio son una “patología democrática” porque son “un modo fascista de relacionarse” donde se busca anular las diferencias. “Es un modo jerárquico y patriarcal que atenta contra la posición de igualdad que supone la democracia”, argumentó.

“Freud descubrió que la gente también se enferma por palabras. Él advirtió sobre la potencia del discurso y cómo afectan y traumatizan los cuerpos. Si bien no vivió la época del capitalismo concentrado y de los medios masivos de comunicación, seguramente estaría de acuerdo en que existe una concentración de odio que lastima a los cuerpos individuales y sociales y muchas veces mandan a la acción por la eficacia simbólica que tienen”, explicó la psicoanalista.

En ese sentido, Merlín detalló que los medios de comunicación concentrados, que tienen el monopolio de la palabra y de los mensajes comunicacionales, configuran la realidad y operan sobre las subjetividades manipulando significaciones y afectos. “Producen e imponen sentidos y afectos que funcionan como verdades que, por efecto identificatorio, se transforman en comunes formando a la opinión pública mientras imponen una lógica inconsciente que va determinando comportamientos”.

Por su parte Giorgi expresó que los discursos de odio ponen en disputa los pactos discursivos que hacen a la vida social y política. “Es una disputa por lo decible en lo público y en la democracia. La voluntad de decirlo todo, sin restricción ninguna, invocando la libertad de expresión, busca desfondar los pactos de civilidad y de relación social y los fundamentos de una construcción de lo democrático”, señaló.

Odio contra Cristina

La circulación de los discursos de odio

Si bien se pueden registrar discursos de odio durante toda la historia Argentina, Giorgi sostuvo que lo que pasó el jueves pasado fue un punto de condensación de la escalada de la violencia simbólica que comenzó a evidenciarse con mayor claridad durante el gobierno macrista.

Luego destacó que el avance de la tecnología, la transformación de la escritura y la irrupción de internet y de las redes sociales generó la legitimación de discursos marginales. “A partir de una tecnología de escritura que se vuelve más democrática, con los foros y las redes sociales, se empezó a ver cómo esa masa discursiva aparentemente insignificante e irrelevante empieza a ejercer presión sobre los vocabularios públicos y genera condiciones de validación de lo que hasta no hace mucho era impronunciable en público”.

Luego subrayó que en los medios de comunicación existe una proliferación de discursos de odio que responde a intereses económicos. “Las grandes corporaciones entendieron que a través del odio y la gestión de ciertos afectos hay un modo de capitalización que les funciona muy bien”, señaló el académico e indicó que si no se regula la concentración mediática, es imposible contener estos discursos.

Ahorcar a Cristina

Cómo luchar contra los discursos de odio

Sobre cómo luchar contra los discursos de odio, ambos especialistas coinciden en que la respuesta debe ser política y señalaron que la movilización del viernes pasado fue una demostración de la demanda que gran parte de la sociedad tiene hacia las instituciones para terminar con la propagación de la violencia.

“Hay una demanda popular, voces de la calle que desde abajo que rechazan este estos discursos de odio. Pero eso requiere una traducción política. No alcanza solamente con la movilización y las demandas populares que dicen no al odio. Eso requiere una traducción política y una traducción institucional”, dijo Merlín.

En ese sentido, ambos destacaron que el gobierno debe volver a impulsar la discusión sobre una nueva ley de medios, entre otras herramientas políticas y democráticas. “Esta sí es una oportunidad nueva para discutir la ley de medios. Ante lo que pasó el jueves tenemos que poder retomar esa discusión sobre una nueva base. Creo que es un momento de dar las cartas para volver a dar el debate”, expresó Giorgi.

“La ley es un límite. La libertad de expresión no es la libertad de odio. Entonces el límite es necesario en la vida de la civilización. Si no hay límite, hay ley de la selva o estado de naturaliza. Por eso en este caso el límite es posibilitante y afirma la libertad dentro de una democracia”, agregó Merlín.

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