Una convocatoria de estudiantes, sindicatos y referentes de los "chalecos amarillos" dejó este sábado unos 400 detenidos en distintas ciudades de Francia, donde cientos de miles de personas marcharon contra la suba de precios, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos, en especial de la educación.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que la Policía realizó alrededor de 400 arrestos tras los episodios violentos. El gobierno calculó unos 550.000 participantes en 110 marchas, mientras la central sindical CGT estimó que la cifra alcanzó las 800.000 personas en todo el país durante la jornada.
Las fuerzas de seguridad desplegaron operativos ante las masivas movilizaciones que se desarrollaron en distintas ciudades de Francia.
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Según detalló Ámbito, los incidentes más graves ocurrieron en París, Marsella, Lyon y Limoges, aunque también hubo episodios en Burdeos, Rennes y Toulouse. Las fuerzas de seguridad recurrieron a gases lacrimógenos y cañones de agua, mientras algunos grupos prendieron fuego a edificios públicos, atacaron sedes institucionales e ingresaron a comercios de lujo.
El conflicto comenzó semanas atrás con estudiantes secundarios que denunciaron la falta de profesores y el mal estado de las escuelas, pero el reclamo sumó a trabajadores y otros sectores golpeados por la inflación, el combustible caro y la reducción de servicios públicos, con consignas contra la desigualdad y el poder adquisitivo.
Miles de manifestantes salieron a las calles de Francia para expresar su rechazo a las políticas del Gobierno.
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El primer ministro Sébastien Lecornu había advertido sobre el riesgo de disturbios y describió un "ambiente de crisis permanente", atravesado por las guerras, la inflación y los problemas de poder adquisitivo. El presidente Emmanuel Macron pidió "calma y respeto" y defendió el derecho a manifestarse, aunque reclamó que las movilizaciones no dañen personas ni bienes.
Las protestas por salarios y vivienda se extendieron a otros países de Europa
En Italia, las concentraciones se desarrollaron en Milán, Turín, Bolonia y Roma, con reclamos por salarios, tarifas y gasto militar, además del rechazo a la gestión de Giorgia Meloni. La Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) y otras organizaciones anunciaron una huelga general para el 20 de noviembre.
Las protestas en Milán, Italia, y la represión policial a los manifestantes.
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En Portugal, la central sindical CGTP convocó marchas en Lisboa, Oporto y Coimbra para reclamar un aumento salarial del 15%, una mejora de las jubilaciones y un refuerzo de la salud pública. También pidió medidas frente al encarecimiento de la vivienda y de los alimentos, en un reclamo dirigido al gobierno de Luís Montenegro.
En Bélgica, en tanto, jóvenes marcharon hacia las instituciones de la Unión Europea para pedir más presupuesto educativo y medidas de inclusión laboral. Los choques con la policía provocaron bloqueos en los accesos a Bruselas, mientras que en España se registraron nuevas concentraciones por las dificultades para acceder a una vivienda.