En los últimos días, varias provincias de Argentina se vieron afectadas por una ola polar que no registraba antecedentes similares desde el año 2013, con temperaturas por debajo de los 0°. En este contexto, en muchos lugares se registran casos de varias personas en situación de calle fallecieron. No es una metáfora: en nuestro país, la gente puede morir de frio.
No obstante, las características propias de cada región, la ola polar dejó en evidencia que la desidia y la ausencia de contención por parte de Estado, son transversales a la totalidad del territorio nacional que preside Javier Gerardo Milei.
Sin profundizar en la efectiva vulneración de derechos y garantías básicos, los más primitivos, los que son base de una vida digna, y que deberían ser garantizados por el gobierno, conforme lo establece todo nuestro sistema normativo, es menester hacer hincapié en la deshumanización que importa una situación como la descripta, y su relación con lo que parece ser una retórica de la crueldad sostenida por el oficialismo nacional libertario.
Cabe preguntarse, entonces, cuál es el límite, cuándo el discurso sistemático de la Libertad Avanza deja de ser un decir, para convertirse en ejemplos concretos de la ausencia estatal. Hay un hilo conductor que inicia en las ideas del partido que gobierna, las que se explican desde la cima de un atril en foros internacionales que se llevan a cabo en el hemisferio norte, que luego se transforma en políticas de Estado y que, sin duda, impactan directamente en la vida de los argentinos, pero particularmente en los ciudadanos de a pie.
¿Cuál es la postura del gobierno de Milei y de sus referentes frente a las condiciones de vida de esa porción de la sociedad que requiere de asistencia urgente?
Ni siquiera hablamos de la clase media, o media baja que también que son las más afectadas por la política económica (las tarifas de luz y gas para los hogares comenzaran a incrementarse desde julio y hasta noviembre de 2024, multiplicándose exponencialmente), sino de aquellos que viven lisa y llanamente a la intemperie.
Recordemos que, en contexto de una crisis económica severa, el Ministerio de Capital Humano que dirige Sandra Pettovello, decidió retener alimentos que estaban destinados a comedores debidamente registrados para ser asistidos por el Estado. Aun hoy, esa cartera del gobierno se encuentra más preocupada por el litigio judicial vigente que por resolver la urgencia de los que tienen hambre.
Es notable que el recorte del que se ufanó el gobierno del presidente Milei, desde que asumió el mandato, se inclina por ajustar a los sectores sociales que, paradójicamente, más necesitan de su contención, por ejemplo, jubilados y organizaciones sociales, que ofrecen un plato de comida a niños y niñas pobres e indigentes.
Otra arista del discurso oficial, guarda relación con cargar de responsabilidad a las mismas personas que padecen dichas condiciones. En las voces de varios referentes de la Libertad Avanza, se esboza una idea que pondera en algún aspecto, que el pobre obtiene esa condición porque así lo desea. Como si vivir en la calle constituyera una elección libre, y como si nada de esto se vinculara con factores externos y decisiones de la política que condicionan la vida de los habitantes. Si hay una certeza, esa es que nadie podría querer morir de frio y de hambre.
Mucho análisis catedrático, pero poca atención a la coyuntura de los distintos estratos sociales. Porque las muertes por hipotermia de la gente en situación de calle, deja en evidencia el desamparo de los más vulnerables, pero esa suerte de desconexión total con las necesidades de los argentinos, opera a toda escala. Fue el propio presidente de la Nación quien respondió: “Si la gente no llega a fin de mes, ya se hubiera muerto” frente a la pregunta de un periodista acerca del deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores. Ello, en un contexto en el que todos los indicadores muestran un crecimiento de la pobreza durante el primer trimestre del 2024. Se estima que, desde que asumió Javier Milei, más de 3 millones de personas cayeron en la pobreza debido al deterioro del poder adquisitivo.
Gabriel Di Taranto
Es Magíster en Comunicación Política (UNDAV)