Cuando Carlos Eduardo Robledo Puch fue interrogado sobre uno de sus crímenes, su respuesta dejó atónitos a los investigadores: "¡Qué quería, que lo despertara!". Con apenas 19 años, el joven de ojos celestes y cabello rubio ensortijado había asesinado a once personas. Su imagen angelical, contrastada con la brutalidad de sus actos, lo convirtió en una figura perturbadora en la historia criminal argentina.
La historia de Carlos Eduardo Robledo Puch, el asesino serial más famoso de la Argentina
Un joven de apariencia inocente que se convirtió en uno de los criminales más temidos. Es el preso que mayor tiempo lleva privado de la libertad en Argentina.
Los medios y la Policía lo bautizaron como el Ángel Negro, un apodo que se sumó a la larga lista de nombres con los que la prensa lo describía: monstruo, sádico, demonio bien parecido, asesino unisex. Su historia no solo dejó una huella en la crónica policial, sino que se instaló en el imaginario colectivo como la representación de la maldad detrás de una máscara de inocencia.
Robledo Puch mataba a sus víctimas por la espalda o mientras dormían. Entre marzo de 1971 y febrero de 1972, ejecutó a nueve serenos y dos mujeres, en su mayoría durante robos que cometía junto a Jorge Ibáñez y Héctor Somoza, sus cómplices y amigos. Tras cada crimen, solía derrochar el botín en autos, motos y alcohol, celebrando en los boliches más exclusivos de Buenos Aires.
La historia de Carlos Eduardo Robledo Puch
Desde temprana edad, Robledo Puch mostró una personalidad impulsiva, perversa y violenta. Su círculo más cercano lo describía como alguien que actuaba sin medir consecuencias, como si viviera dentro de un cuento de hadas macabro. Tras un robo, podía ir a ver una película como Easy Rider o La pandilla salvaje, sin que los asesinatos parecieran afectarlo.
Uno de los episodios más escalofriantes de su historial criminal fue la ejecución de su propio cómplice Héctor Somoza. Robledo le disparó dos veces y luego usó un soplete para desfigurar su rostro. En el caso de Jorge Ibáñez, su muerte en un accidente automovilístico siempre generó sospechas. Aunque Robledo negó haberlo asesinado, la duda quedó instalada.
En 1972, la Policía lo capturó con la intención de fusilarlo y plantar un arma para encubrir el hecho, pero su madre estaba presente y el plan fue abortado. No obstante, días después, cuando era trasladado para reconstruir sus crímenes, una multitud intentó lincharlo. La revista Así reflejó el sentimiento social con un título lapidario: "La sombra del paredón de fusilamiento para el monstruo con cara de niño".
Desde su condena, Robledo Puch ha pasado más de 50 años en prisión, sin posibilidad de libertad condicional. Su historia sigue siendo una de las más impactantes del crimen argentino, un caso donde la imagen de un joven atractivo y educado ocultaba a un asesino despiadado.
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