Recientemente escuchamos la historia de un jugador de futbol que lo perdió todo a raíz de las apuestas. Claramente, se trata de un caso de ludopatía, la adicción a los juegos de azar o a las apuestas.
La proliferación de las casas de apuestas online y las continuas publicidades en televisión y redes sociales han puesto sobre el tapete la discusión sobre ludopatía, especialmente entre los más jóvenes. Cómo enganchar a tiempo una posible actitud problemática y qué pasos seguir para prevenirla.
Recientemente escuchamos la historia de un jugador de futbol que lo perdió todo a raíz de las apuestas. Claramente, se trata de un caso de ludopatía, la adicción a los juegos de azar o a las apuestas.
(Me reservo usar la palabra jugador, ya que jugar debemos asociarlo a algo positivo, sobre todo en niños y adolescentes. Si permitimos que las casas de apuestas se apoderen de la palabra jugar, tendremos cada vez más gente que perciba apostar como algo de menor riesgo: “es solo un juego”).
Ahora bien, ¿todos los apostadores son ludópatas? ¿Todos están en riesgo? La respuesta es simple: no, pero todos los que se inician en las apuestas están en riesgo de serlo. Apostar significa estar dispuesto a arriesgar algo que uno valora con la esperanza de ganar algo de mayor valor.
Lo primero que debemos diferenciar es lo presencial de lo online. Antiguamente, apostar significaba salir de tu casa y asistir a un espacio físico donde se desarrollaba la apuesta: casino, bingo, máquinas tragamonedas, etc. Actualmente, todo ha cambiado.
Desde la implementación de la modalidad online, en todo el mundo, las personas con problemas relacionados con las apuestas se duplicaron y hasta se triplicaron.
Ciertas condiciones favorecen este desenlace:
Sumado a todo esto, la virtualidad del dinero, que no se toca y no se ve, disminuye la percepción del gasto. Ser adicto a cualquier objeto de consumo, sea una sustancia o una conducta, significa seguir haciéndolo a pesar de saber y reconocer los perjuicios generados. Es decir, “sé que me hace mal o me trae consecuencias, pero no puedo parar”.
La ludopatía cabe dentro de esta definición. Sin embargo, en las apuestas podemos al menos distinguir 3 tipos de apostadores, cada uno con su característica y las consecuencias asociadas a su conducta.
Los apostadores "recreativos" son aproximadamente el 65% de los que apuestan:
El apostador problemático. Aproximadamente el 30% de los que apuestan:
El ludópata, menos del 5% según las diferentes encuestas:
Toda adicción se ancla en temas psicológicos, sociales y biológicos
La biología de la adicción radica en generar un sistema de recompensa dentro del cerebro en donde la dopamina juega un rol fundamental, liberándose en forma brusca y en altas cantidades, lo que genera placer inmediato. Al descender su concentración, el cerebro reclama esta sustancia o conducta, lo que lleva a seguir consumiendo, generando vínculos psicológicos, sociales y biológicos. Así, se desarrolla un círculo vicioso, en donde la necesidad de dopamina determina las conductas, y las decisiones comienzan a tomarse en función de lo que se consume.
¿Por qué es tan tentador apostar? ¿Todos lo hacen? ¿Por qué los adolescentes y adultos jóvenes se inician en este camino de las apuestas?
Podríamos responder esta pregunta en dos áreas:
Si uno relaciona este caldo de cultivo con la esperanza de conseguir dinero rápido y fácil, es esperable que apostar sea uno de los caminos buscados. Sin embargo, todos sabemos que la banca siempre gana. La ilusión de control es uno de los grandes obstáculos para reconocer el problema. “Yo lo manejo” suele ser la frase de cabecera del adicto.
Te lo venden como interesante, deseable socialmente, divertido y de plata fácil. Así contratan a celebrities, influencers, periodistas y deportistas, y te invaden con publicidad. Llega un momento en que, por insistencia y por alterar tu percepción, te animas. Y no lo ves peligroso.
La frase “si sos menor, no podés apostar”, no tiene más impacto que un arquero ídolo haga la promoción.
En un estudio publicado en donde se evaluaron las formas que utilizan las compañías de apuestas para convencer a la gente a iniciarse, figuran 4 que son las de mayor impacto:
No apostar sería no amar a tu equipo, no tener intuición y te estás perdiendo una inversión. Te colocan en un lugar incómodo. Y si le sumas la facilidad del acceso, te animas. Y se inicia un camino que no se sabe dónde termina.
Para concluir, apostar comienza como un juego y luego puede transformarse en un verdadero problema. No solo afecta tu economía (deudas impagables y pérdida de patrimonio) , impacta fuertemente en tu salud mental y tus vínculos familiares y sociales.
Sin embargo, no perdamos las esperanzas. El primer paso es no iniciarse en las apuestas, y si sos padre o madre, debes estar atento a las conductas de tus hijos, supervisando sus gastos y generando un vínculo que se traslade a decisiones más responsables.
Y si ya estás apostando, obsérvate, fíjate en qué situación estás, reconoce el problema y pide ayuda. Nadie sale de una adicción solo. Un buen tratamiento, con acompañamiento profesional, con una familia y amigos que se involucren y colaboren, hace más fácil el camino. Se puede recaer, pero ese no es el problema, se empieza de nuevo hasta lograrlo, nunca es tarde para estar mejor y salir de una adicción.
*El Dr. Guido Bergman es mé dico cardiólogo, e specialista en tabaquismo y adicciones y c onsultor en prevención de adicciones en adolescentes