El mensaje de la movilización no fue sólo la defensa irrestricta a la universidad pública, sino que dejó a las claras que, sin transversalidad en la construcción social, sin amplitud de miradas y sin respeto a las representatividades distintivas y minoritarias no se puede enfrentar a este gobierno cuya herramienta característica es la crueldad.
La marcha que nos educa
La multitudinaria manifestación del pasado 23 de abril abre un nuevo escenario político y social frente al gobierno de Javier Milei. La constituye como el espejo donde debe mirarse el campo nacional y popular y quienes tienen la vocación de conducirlo.
Sabemos que la universidad pública no se constituye sobre un único estamento económico-social, nutren sus aulas los jóvenes de sectores humildes, de clase media y de los más acomodados de nuestra sociedad, esta conformación fue y es fundamental para hacerla “indestructible” en su poder político que inequívocamente tiene. Pero además la constituye como el espejo donde debe mirarse hoy el campo nacional y popular y quienes tienen la vocación de conducirlo.
No hay oposición política a “la crueldad” que nos gobierna si no hay articulación de distintos sectores sociales y esta debe efectivizarse desde las fuerzas políticas territoriales del peronismo, el progresismo y la izquierda.
La sociedad en su conjunto vio con buenos ojos la movilización por dos motivos fundamentales; porque a todos, directa o indirectamente, la universidad pública nos ha atravesado y porque además la “estigmatización mediática” que se suele imponer sobre algunas otras marchas de sector vulnerables no encontraron su razón para echarse a andar. Para ser claros: para los medios y sectores políticos de la derecha la marcha del 23 fue una “marcha blanca” difícil de etiquetarla despectivamente. Sin embargo, lo que frecuentemente califican como “marcha negra” también estaba conformando esas enormes columnas que en todo el país defendieron la educación pública. Y he aquí el desafío y la clave.
Ni “marchas blancas” ni “marchas negras”
La UADE y la Universidad de Quilmes, la de San Andrés y la de Lanús, la de Córdoba, la de Rosario con la de la Matanza, entre otras supieron poner por encima de su procedencia social y seguramente política, el “derecho mayor a proteger”; la educación pública como instrumento de ascenso social y desarrollo vocacional. ¿Qué es entonces lo que hace falta para articular el derecho a comer de nuestra niñez con el derecho a educarnos? ¿Qué hace falta para entender que el fondo del ajuste al jubilado es idéntico al de los trabajadores del CONICET? La lista sería interminable…Y la respuesta única.
No hay futuro posible para los derechos del pueblo si no se comprende la imperiosa necesidad de “amalgamar” fuerzas de la mano de la empatía y la conciencia.
Aquel “piquete y cacerola la lucha es una sola” fue una expresión impulsada por la desesperación de la clase media ante el saqueo de sus ahorros. No fue la clara conciencia que todos merecemos lo mismo y que no hay víctimas de primera o de segunda, fue un impulso emocional que se hizo colectivo “amontonando angustias”. Fue tan así que cuando el gobierno de Néstor Kirchner comenzó a recuperar la economía cada cual volvió a atender su juego, como cantaba el catalán: “Vuelve el pobre a su pobreza y vuelve el rico a su riqueza y el señor cura sus misas”. Este presente exige una articulación empática y consciente de que hay un piso de derechos que todos los argentinos y argentinas debemos defender pese al gobierno circunstancial de turno y la mismísima mirada política de cada cual.
Mientras tanto…
Todo indica que el peronismo y el progresismo están dando cuenta de esta situación, aunque deberán hacerlo realidad con cierta urgencia, de lo contrario la coyuntura y sus exigencias se los llevará puestos, sin reparar en nombres ni historias. Todo indica que la “tensión” entre Máximo Kirchner y Axel Kiciloff responde más a las lógicas de disputa de poder (aunque insoportables) del peronismo, que a cuestiones de fondo. De ambas partes existe la vocación de tender puentes y consolidar al kirchnerismo dentro del movimiento. “No es momento para estar discutiendo quién va a armar las listas ni quién las integrará”, asegura Cristina Kirchner a quien quiera escucharla y todo indica que por allí se ordenarán las tensiones.
Por su parte la línea marcadamente nacionalista que representa Guillermo Moreno, sin perder su espíritu, deberá comenzar a comprender que si el discurso es más duro con el Gobernador de la Provincia que con el Presidente de la Nación no solo se daña al primer bastión del peronismo, sino que va marcando a fuego la interna que se dará inevitablemente en el 2025, desviando el objetivo principal que no es otro que representar al pueblo que está siendo violentado por este ejecutivo. Podríamos hacer un análisis del rol de los gobernadores e intendentes, pero vamos e eximirnos de la tarea dado que bastante tienen con gobernar…
En fin…No es cuestión de unidades bobas, ni de grandes estrategias. Es tiempo de militar desde los territorios una conciencia social honestamente colectiva para enlazarnos no desde la desesperación sino desde la identidad de “pueblo”. La crueldad libertaria solo puede ser contenida por un enorme cuerpo social que abrace a todos los sectores, para ello la dirigencia deberá aprender a conducirlos con la amplitud, la escucha y toda forma que sea necesaria. No es tiempo de que la política imponga sus reglas de juego, ni sus caprichos individuales. No es la sociedad quien deba ordenarse a los tiempos de sus representantes, son ellos quienes deben ajustarse a los tiempos de un pueblo que está cada vez peor. Quien tenga la humildad de entenderlo conducirá la etapa futura…
La marcha del 23 nos interpeló a todos. Es el peronismo con el progresismo, con la izquierda y con todos aquellos que entiendan que hay cuestiones que no debemos entregar jamás, que hay valores colectivos a proteger siempre y que por sobre todo el grito de “la Patria no se vende” debe ser un clamor de todo el campo nacional y popular. No es uno u otro, porque frente al fascismo uno no alcanza y el “otro” en soledad se desintegra. La juventud lo entendió, habrá que madurarlo hasta que duela.
Al fin y al cabo, apenas somos una parte de un todo, pero jamás el todo. Si creemos serlo con el tiempo seremos nada.
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