“Una multitud histórica, nunca vista en Argentina”, comenta Gustavo Sylvestre en comunicación telefónica con el estudio de C5N durante la cobertura televisiva de la mañana del martes 20 de diciembre de 2022, refiriéndose a la gente que aguarda el inicio de la caravana de los campeones mundiales que tratará de llevarlos desde el predio de la Asociación del Futbol Argentino (AFA), en el partido de Ezeiza (Provincia de Buenos Aires), al Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires.
A la luz de la copa
La Argentina ganó la Copa Mundial de Fútbol de Qatar 2022, un triunfo que alegra y trae algo de luz a una sociedad sumida en la frustración, la bronca y las tinieblas. Un triunfo protagonizado por una Selección ejemplar, tanto por las virtudes que desplegó, como por las adversidades que enfrentó.
La hazaña coronada con el premio mayor, de escala planetaria, había comenzado el 22 de noviembre en el estadio Lusail de Doha (Qatar) y se había prolongado durante siete partidos hasta el domingo 18 de diciembre, cuando la Selección dirigida por Lionel Scaloni y liderada por otro Lionel, Messi, derrotó a Francia, la selección campeona de Rusia 2018.
Como en una épica mítica, el camino de los héroes estuvo cargado de desafíos y hasta de fracasos puntuales, como un primer partido perdido ante un equipo que parecía el menos amenazante de todos, y de momentos en los cuales el destino lucía complotado para esterilizar cualquier esfuerzo humano, como en las dos ocasiones que durante la final los franceses lograron remontar una victoria argentina que se imaginaba asegurada.
Las adversidades no sólo vinieron de la propia dinámica de la prueba asumida. Como en toda buena historia legendaria, también estuvieron presente los traidores habituales, los oscuros predicadores que hacen de la siembra de la desazón y la injuria su oficio cotidiano.
Pero la Selección Argentina fue remontando paso a paso los obstáculos. Y una mayoría de esa Patria representada por aquélla fue creciendo momento a momento en el acompañamiento.
La gesta se había iniciado bastante antes, cuando un desconocido fue confirmado en su rol de director técnico del equipo nacional de futbol, el 29 de noviembre de 2018, luego de un interinato post Rusia 2018.
Aunque a esta altura de los acontecimientos, y luego de cerca de cinco millones de personas en las calles de Buenos Aires aguardando bajo el sol para rendir tributo a sus jugadores, la cuestión de la victoria mundialista y sus protagonistas esté bastante reiterada, tal vez sea bueno un acercamiento más. Sobre todo porque en el periplo futbolístico de “La Scaloneta” hay bastante de los desafíos que enfrenta la Argentina contemporánea.
Héroe colectivo
En una nota en Página/12 a horas de la consagración mundial, Juan José Panno (Messi y el Eternauta: La Selección Argentina, el héroe colectivo) comparó el desempeño de la Selección, y del propio Messi, con el héroe colectivo prefigurado en la obra mayor de Héctor Germán Oesterheld, El Eternauta.
Tal vez el segundo gol de Argentina a Croacia sea uno de los que mejor materialice esta idea de una victoria colectiva, entre varias otras extraordinarias jugadas y tantos que han tenido esa virtud. Una jugada de coreografía cinematográfica que arrancó con un tiro de esquina de la selección croata y Julián Álvarez defendiendo el área chica. Al ver que el jugador contrario ejecutaba un corner corto con su compañero Marcelo Brozovic, Álvarez corre hacia él logrando interceptar y desviar el amenazante centro del eslavo. La pelota se desvía y Nicolás Otamendi alcanza a cabecear la pelota sacándola hacia el medio campo. Lionel Messi corre por el balón, casi en paralelo con otro croata que también va a buscarlo. Messi se estira para rozar la pelota con su pie y conseguir que ésta pase frente al croata y llegue hasta Julián Álvarez que acompaña raudo en paralelo. El esfuerzo por un pase casi mágico hace que Messi caiga. El héroe máximo se sacrifica para que uno de los más jóvenes alcance la meta y al hacerlo, consagre a todo el grupo.
Quien musicalizó en Instagram la jugada con el tango Adiós Nonino de Astor Piazzolla captó a la perfección la profundidad, veloz y bella, y el compromiso con el que Julián se encamina al gol. Correrá 88,8 metros en 11,6 segundos, sorteará a tres croatas que intentan cerrar en una tríada que se contornean como una serpiente tratando de engullir el disparo al arco que se anuncia, y. al final, cuando el arquero, Dominik Livakovic, juegue su última carta, hará lo propio con él. Un avezado coreógrafo probablemente tardaría semanas en conseguir una escena así. La Selección Argentina lo improvisó en 12 segundos.
El héroe colectivo no sólo no anula las individualidades excepcionales sino que es la condición imprescindible para que ellas brillen en su máximo fulgor. Messi es el ejemplo mayor, pero lo son todos los miembros de la Selección, especialmente Emiliano “El Dibu” Martínez. Responsable de un puesto que no suele ser ambicionado en los partidos de potrero porque es el que menos chance tiene de promover a su titular, resultó ser una piedra basal para el triunfo, como ya antes en la historia del futbol argentino había ocurrido con otros arqueros, como Nery Pumpido en México 86 y el increíble Sergio Goycochea de Italia 1990.
El puesto de arquero es uno de los más solitarios, particularmente cuando se llega a lo penales, o se debe enfrentar cara a cara el desborde exitoso de un contrario como ocurrió en el duelo fugaz y determinante de Kolo Muani y “El Dibu” Martinez en el final del alargue de la Final. Sin embargo, en ese esfuerzo en donde todas las probabilidades están en su contra, al revés de lo que le ocurre al jugador que lo desafía, el arquero carga con la responsabilidad de defender en un instante el esfuerzo realizado por todos los demás en el resto del tiempo de juego. Como en los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas, resuena contundente la máxima “todos para uno, uno para todos”.
Del talento y la humildad, al federalismo
El constructor excepcional de la selección que se consagró campeona mundial en Qatar 2022 ha sido Lionel Scaloni, el director técnico que con sus 44 años es el más joven de los tres que le dieron a Argentina ese galardón. Su inicio en el equipo nacional estuvo plagado de sinsabores y adversidades. Pero en su momento, fue el único que aceptó dirigir a la Selección Argentina luego de la derrota en Rusia 2018 cuando el equipo se tuvo que volver en octavos de final luego de perder ante Francia.
Cuando comenzó el 2022 Argentina llevaba 36 años sin ganar una copa mundial y 28 años sin obtener un título internacional. En el camino había disputado siete finales, pero en ninguna había podido salir triunfante. Esa historia negativa, más las innumerables disputas internas en la AFA en torno a la Selección, y hasta la intromisión grosera de Mauricio Macri, especialmente en sus años en la Presidencia (2015-2019); habían socavado el ánimo de jugadores, técnicos y asistentes. En el campo de juego eso se reflejaba.
El mismo Messi había sido motivo de innumerables controversias, incluso, tal vez, él mismo no haya tenido siempre por aquellos años la mejor actitud, aunque jamás sucumbió a la tentación de abandonar la albiceleste para vestir la camiseta española. Scaloni se puso sobre el hombro todo eso y comenzó a caminar.
Los comienzos tuvieron tropiezos pero de la salida de cada uno de ellos se empezó a vislumbrar algo llamativo, novedoso; se aprendía, se tomaban las lecciones que correspondía y se realizaban las modificaciones que demandaban las circunstancias. Jugadores, técnicos y asistentes comenzaban a lucir y rendir diferentes. Treinta y seis partidos invictos, hasta la curiosa derrota frente Arabia Saudita en el primer partido de Qatar 2022, exhibían la potencia de lo que se gestaba.
La “maldición” se resquebrajó el 10 de julio de 2021. En pleno Maracaná, en Rio de Janeiro, Argentina derrotó a Brasil 1-0 consagrándose campeona de la Copa América 2021. Scaloni con su actitud reflexiva, su profundo profesionalismo, su mesura, aún ante las barbaridades más grandes que le decían, con su humildad y respeto, por propios y ajenos; había sido fundamental para esa conquista. Era el preludio del 18 de diciembre de 2022.
Entre muchos aciertos, Scaloni supo combinar lo “viejo” con lo joven. La experiencia y el talento, con el ímpetu del deseo. El tercer gol a Croacia, el 13 de diciembre de 2022, lo plasma en una jugada magistral. Messi danza con un defensor croata, muy a pesar de este último, va y viene, acercándose en cada ciclo de destreza al área chica del rival. Al término, queda junto al arco, pero sobre la línea de fondo. Entonces, hace un pase diagonal hacia el medio. Lo nuevo responde tal como espera lo consagrado. Julián Álvarez se encuentra en el momento y el lugar exactos para recibir la pelota y enviarla al gol. Las destrezas de Ángel Di María y sus aportes al marcador nacional en este mundial serán otro ejemplo de esa amalgama intergeneracional.
Las cualidades personales de Scaloni fueron esenciales para transmitirle a todo el equipo una justa combinación de mesura con autoconfianza, de osadía con prudencia, de templanza con emoción, de planificación rigurosa con improvisación virtuosa. Al final, todo ello sirvió para remontar hasta al azar, nunca eliminable completamente, cuando se puso en contra.
La Scaloneta ha tenido otro componente virtuoso y singular. Probablemente sea la selección más federal de la historia del futbol argentino lo que incluye un jugador, Marcos Acuña, oriundo de Zapala, en el patagónico Neuquén.
En la tribuna la dimensión colectiva de la gesta futbolística también se encarna en quienes no han estado en el campo de juego, ni dirigen o asisten a los jugadores. Los y las hinchas de las tribunas, y también aquellos y aquellas que acompañan y alientan desde sus casas y calles. Parecería algo folclórico pero su influencia en los partidos probablemente sea más de la que imaginamos. Un adversario, de los menos queridos, lo manifestó. En una conferencia de prensa antes del partido que lo dejaría fuera de Qatar 2022, Louis Van Gaal, director técnico del seleccionado holandés, expresó “mis jugadores son profesionales para lidiar con este entorno, pero no resultará fácil con 40 mil argentinos en las tribunas”.
Análisis aparte amerita que la hinchada más numerosa del reciente mundial proviniera de un país ubicado a 13.809 km del anfitrión de la copa, con lo que ello representa en el costo de pasajes, en crisis económica, con restricción para el acceso a dólares y con lo caro que es Doha, más en Mundial.
Predicadores del fracaso y la difamación
La Selección Argentina de futbol se batió, asimismo, con quienes no soportan el buen triunfo de lo auténtico. En esto, la telaraña de las grandes corporaciones mediáticas que tiene atenazado al país se comportó como suele hacer. Scaloni fue el primer blanco de sus ataques. El periodista Sebastián Vignolo, en el programa F90 de la señal ESPN, antes de que La Scaloneta ganara la Copa América 2021, explicitaba sus deseos de que ella fracasara en ese torneo para así sacarlo al director técnico. Era secundado por el exfutbolista Oscar Ruggeri quien alegaba que Scaloni no tenía un “buen proyecto” para el equipo.
El 7 de marzo de 2019 otro periodista de ESPN le había preguntado a Scaloni si tenía “el título habilitante de entrenador”. Entre atónito y molesto por el nivel de estupidez, antes que de maldad, del interrogador, el futuro campeón mundial comenzó su demoledora respuesta con un “tendría que haber traído el carnet”.
Ya en plena copa mundial, y cuando la Selección denostada empezaba a dar visos deéxito inminente, los medios de la derecha apelaron a un recurso reiterado, criticar las supuestas malas formas desde un ficticio pedestal moral o cultural. El 10 de diciembre de 2022, el periodista Cristian Grosso de La Nación titulaba su artículo de la jornada, “Lionel Messi: el futbolista extraordinario no pudo contener al hombre vulgar”, en alusión a las justificadísimas muecas que Messi le había dedicado a Van Gaal durante el partido con el seleccionado holandés. Y como para que no quedasen dudas de la vileza que alimentaba al cronista del diario fundado en 1870 por Bartolomé Mitre para justificar una guerra criminal y genocida, remataba en la bajada “Más allá de sus aciertos, la selección argentina no es confiable, aunque sabe reaccionar cuando está al filo; lo malo: el aire pendenciero que salió a la luz ante Países Bajos”.
Aunque como es de rutina, el ejemplo mayor de toda infamia siempre le corresponde al líder de la banda. En pleno festejo por el galardón obtenido, el 19 de diciembre de 2022, Clarín titulaba “La Copa del Mundial entrará al país sin hacer trámites aduaneros ni pagar aranceles”, pretendiendo dejar entrever que algo oculto e ilegal había en todo esto del festejo y del triunfo. ¿Quién podía ser el que prestaba su firma para tan bochornoso artículo? Daniel Santoro, el periodista procesado por armar una PyME extorsiva contra empresarios y políticos que actuaba a pleno plano de cámara, micrófono de radio y hoja de periódico.
Llegaron a decir que la Selección era una mala ganadora, que agredía a sus rivales luego de derrotarlos. Scaloni les recordó la imagen de Messi, Leandro Paredes y Neymar (10 de la Sección Brasilera) en una de las escalinatas del Maracaná, después del triunfo argentino en la Copa América 2021. Al final de los penales de la Copa Mundial 2022, “El Dibu” Martínez se acercó a consolar a Kylian Mbappé, estrella del seleccionado francés, que sentado en el césped del estadio no lograba calmar su tristeza ni siquiera con las palmadas de Emmanuel Macron. “El Dibu” había hecho a un lado los comentarios despectivos de Mbappé, descendiente de inmigrantes africanos, hacia el futbol sudamericano.
Las razones de unos y de otros
¿Por qué tanta saña de la derecha con la Selección de Scaloni? Si después de todo sus medios ganan fortunas con el futbol y en una Copa del Mundo, o en otros torneos, no se disputa nada de lo que a ellos realmente les interesa: la distribución del ingreso, el desarrollo, las instituciones, el alineamiento con los Estados Unidos, la explotación medioambiental, etc.
La derecha está plagada de una mediocridad intelectual atizada por la degradación moral y mental que el mal provoca. Sin embargo, son muy intuitivos, detectan con mucha más facilidad que el progresismo o la izquierda aquello que puede llegar a amenazarlos, aun cuando la relación con lo que eventualmente puede desafiarlos sea remota. La desazón, la angustia, la bronca, el individualismo, la sensación de que uno no pertenece a nada más grande que sí mismo son condiciones fundamentales que deben introyectarse en cada persona para que sea presa fácil del escenario de tierra arrasada que siembra la derecha porque de ahí cosecha su poder. Todo lo que eleve el ánimo, encienda la alegría, nos haga constituirnos como una comunidad, un conjunto superior a nuestras pequeñas y frecuentemente mezquinas individualidades, es una amenaza porque sienta las bases de algo que puede arrebatarles la tumba que aspiran a cavar para toda la sociedad. Cinco millones de personas auto regulándose en una ejemplar fiesta de celebración, que incidentes escasísimos y espontáneamente contenidos no desvirtúan, es algo temible. Hoy salen por la copa del mundo, mañana pueden hacerlo en defensa de un país para todos.
Además la celebración en sí ya es un fracaso de estos predicadores. ¿O no se supone, acaso, que todo está mal y que la única forma válida de reaccionar es con el arrebato histérico y autorreferencial de un Javier Milei o el discurso patoteril y cínico de una Patricia Bullrich?
En Sintonía Fina, programa radial de la FM 102.3 de la Universidad Nacional de Córdoba, su conductor, Pau Candi, cerraba el editorial de apertura del lunes 19 de diciembre expresando, “ahora nos queda agradecer, valorar, entender la lógica de Dios o del destino, y por favor no volver a la normalidad, no volver a la cara de ojete, la queja vacía, el me cago en el prójimo, no hacer como que ya está, acá no paso nada. No, mantengamos esta sensación de unidad, esta emoción del Mundial. Que nuestras vidas sean, cada día, como esta final del mundo.” A las palabras le siguió el tema musical de Wos, Arráncamelo, favorito de Messi y de la Selección tres veces mundialista.
Como en el futbol, en múltiples dimensiones de la vida argentina surge fuerte una nueva generación que se apoya en las anteriores y se proyecta, más allá incluso de su propio entorno. Tal vez por eso puede pensarse que no debe ser casualidad que mientras Fito Páez realiza la gira conmemorativa de los 30 años de El amor después del amor, hito el rock argentino, y latinoamericano; Lali Espósito, exponente del nuevo pop nacional, abría el partido de la final qatarí compartiendo el escenario del estadio Lusail con la mezzosoprano egipcia Farrah El Dibany, la primera cantante árabe de ópera en conseguir ser miembro de la Academia de la Opera de Paris. Cada una cantó el himno de su respectivo país.
Aún el análisis más prosaico encontrará beneficios en este Copa Mundial ganada. La AFA recibirá 52 millones de dólares estadounidenses de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) por haber salido campeón y otros 10 millones de la misma moneda de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL). Una excelente noticia para las arcas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) en estos días de restricción externa.
A pesar de las tinieblas que algunos quieren hacer descender sobre la Argentina, ésta resiste, como en otras épocas de su historia. Y va más allá. Arroja luz en momentos inesperados. En otro orden, y con otra trascendencia, cuando va finalizando la primera semana celebratoria de la tercer Copa Mundial de Futbol, las Abuelas de Plaza de Mayo anuncian la recuperación del nieto 131. La abogada y periodista Martina Garbarz señaló en su cuenta de Twitter que el hijo de Lucía Nadín y Aldo Quevedo, desaparecidos en 1977, había nacido en cautiverio en 1978, la primera denuncia formal sobre el secuestro de sus padres se había realizado en 1986 y la recuperación de la identidad de este nieto se verificaba en 2022. Cada hito de esta historia en cada año de una Copa Mundial ganada.
En la conferencia de prensa de Abuelas en donde se anunció la recuperación del nuevo nieto, presidida por Estela de Carlotto, se agradeció a la AFA y a los jugadores de la Selección que vienen comprometiéndose desde hace tiempo con las campañas por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Creer también es una elección, una necesaria para hacer realidad lo creído.
Carlos de la Vega. Abogado, licenciado en Filosofía y magister en Economía. Se ha desempeñado profesionalmente en el Ministerio de Defensa, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y en diversas empresas públicas y privadas. Actualmente también es docente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la Universidad Tecnológica Nacional – Regional Córdoba (UTN-FRC), y profesor visitante de la Universidad de la Defensa (UNDEF).
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