Ucrania lanzó una ofensiva aérea de gran escala contra Rusia con más de 1.000 drones y provocó incendios en instalaciones petroleras de San Petersburgo. El ataque dejó una persona muerta y cinco heridas, de acuerdo con el balance difundido por las autoridades locales, y alcanzó otros objetivos industriales y tecnológicos.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus fuerzas derribaron 1.015 drones ucranianos durante la noche en 15 regiones del país, además de Crimea, territorio ucraniano anexionado por Moscú, y zonas del mar Negro. La operación se convirtió en una de las mayores ofensivas de este tipo desde el inicio de la guerra.
Entre los principales blancos de la ofensiva estuvieron la Terminal Petrolera de Petersburgo y el depósito de combustible de Ruchi, donde se registraron incendios. El gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, confirmó las víctimas y señaló que los heridos fueron hospitalizados.
Los ataques también afectaron un centro logístico de la empresa de comercio electrónico Ozon y un centro de datos de VK, una de las principales compañías tecnológicas rusas. Ambas firmas informaron que sus instalaciones habían sido alcanzadas.
La ofensiva se extendió a zonas residenciales y otras infraestructuras. Las autoridades rusas reportaron daños en edificios y viviendas, mientras que durante la madrugada se aplicaron restricciones de seguridad en el aeropuerto de Púlkovo.
San Petersburgo es un punto estratégico para la actividad económica rusa y la exportación de hidrocarburos a través del mar Báltico. Por ese motivo, los ataques contra sus instalaciones petroleras representan un golpe a sectores clave de la infraestructura energética del país.
Rusia atacó Zaporiyia y hubo víctimas civiles
Mientras se desarrollaba la ofensiva ucraniana, Rusia volvió a atacar la ciudad de Zaporiyia, en el sur de Ucrania. Según las autoridades regionales, una mujer murió y otras dos personas resultaron heridas, entre ellas una niña de seis años.
Los bombardeos provocaron daños en edificios de departamentos, vehículos y una institución educativa. Los ataques se sumaron a las operaciones que ambos países mantienen contra objetivos estratégicos y zonas urbanas, con consecuencias para la población civil.
La tregua energética, en el centro de la disputa
La escalada se produjo en medio de las tensiones por el alto el fuego energético que Donald Trump anunció el 11 de octubre. El acuerdo buscaba reducir los ataques contra instalaciones vinculadas con el suministro de energía, pero las operaciones militares continuaron en ambos territorios.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acusó a Moscú de incumplir el compromiso y afirmó que Rusia había lanzado 76 ataques contra infraestructuras energéticas, petroleras y gasíferas de Ucrania durante la semana posterior al anuncio.
Zelenski también cuestionó las decisiones de Washington respecto de las sanciones contra Rusia y reclamó una mayor presión internacional sobre el Kremlin. Desde Kiev sostienen que la continuidad de los bombardeos rusos justifica la reanudación de los ataques contra instalaciones petroleras.
De esta manera, la infraestructura energética vuelve a ocupar un lugar central en la guerra, mientras las acusaciones cruzadas y la falta de avances concretos para frenar los bombardeos profundizan la incertidumbre sobre una posible desescalada del conflicto.