El 7 de octubre de 1734 se consagró la Iglesia de San Ignacio de Loyola, que los jesuitas empezaron a levantar hacia 1712 e inauguraron en 1722. Más de tres siglos después, sobrevivió a expulsiones, reformas e incendios, y se conserva como el templo más antiguo en pie de la ciudad.
A casi 300 años de su consagración, San Ignacio sigue en pie: cómo es el templo más antiguo de Buenos Aires
Fue catedral provisoria, cuartel, sede de cabildos abiertos y cuna de la Universidad de Buenos Aires. Sobrevivió a expulsiones, reformas e incendios, y guarda buena parte de la historia de la ciudad.
El miércoles pasado se cumplieron 292 años de la consagración de la iglesia, en Bolívar 225, en el corazón de la Manzana de las Luces. Según el Gobierno de la Ciudad, es el templo más antiguo que se conserva en Buenos Aires. La obra actual empezó hace más de 310 años, y su torre sur y el muro del frente son aún anteriores.
Una torre antes que el templo actual
Los jesuitas llegaron a Buenos Aires en 1608 y levantaron su primera iglesia, de adobe, en un solar cercano a la actual Plaza de Mayo. Una segunda iglesia, también de adobe y ladrillos crudos, quedó terminada en 1675 en su ubicación actual.
En 1686, con el producido de los primeros hornos de cocción de ladrillo de la ciudad, empezaron a levantarse la torre sur y los muros del frente. Esa torre y el muro frontal, que siguen en pie, figuran entre las estructuras arquitectónicas más antiguas conservadas en la capital.
A comienzos del siglo XVIII, el superior de la Compañía encargó al arquitecto jesuita Juan Krauss el diseño de un templo nuevo de ladrillo y cal, inspirado en la iglesia del Gesù, en Roma. Las obras comenzaron en 1712, con la participación de los coadjutores Andrés Blanqui y Juan Bautista Prímoli.
El templo se inauguró y abrió al culto en 1722, aunque aún no estaba concluido, y recibió su consagración solemne el 7 de octubre de 1734. Esta distinción entre inauguración funcional y consagración litúrgica explica por qué existen distintas fechas de referencia histórica.
La iglesia presenta dos rasgos arquitectónicos poco comunes para la época: una cúpula sobre tambor cuadrangular y naves laterales de doble altura, características solo compartidas en el Río de la Plata con la Catedral de Montevideo. Su fachada, de influencia del barroco bávaro, contrasta con un interior mucho más austero.
Testigo de la historia porteña
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio y su entorno albergaron la Escuela de Medicina, la Biblioteca Nacional y la Universidad de Buenos Aires. Entre 1775 y 1791 funcionó como catedral provisoria. Durante la resistencia a las Invasiones Inglesas sirvió como cuartel, y en 1816 y 1820 alojó históricos cabildos abiertos.
En el siglo XIX, el ingeniero Felipe Senillosa proyectó la reforma de la fachada y la construcción de la torre norte, que hasta entonces no existía. Por eso el frente combina dos épocas: la torre sur y el muro, del siglo XVII, y la torre norte, del XIX. En 1942, el conjunto fue declarado Monumento Histórico Nacional.
El 16 de junio de 1955, en medio de la ola de incendios a iglesias que siguió al bombardeo de la Plaza de Mayo, San Ignacio sufrió un ataque intencional que destruyó gran parte de su patrimonio interior. A pesar de los daños, se salvaron valiosas piezas del período jesuítico y, tras un meticuloso proceso de restauración, el templo reabrió sus puertas. Hoy se conservan, entre otros tesoros, el retablo mayor, varios altares de la época colonial y la imagen de San Ignacio, tallada en el siglo XVII.
El templo más antiguo de la Ciudad de Buenos Aires
San Ignacio conserva la esencia de su estructura jesuítica: sus muros de ladrillo, su cúpula y su torre sur siguen en el mismo lugar desde que Buenos Aires era apenas una aldea colonial. No está intacto, pero sigue siendo, más de tres siglos después de sus primeros ladrillos, el mismo templo emblemático de la ciudad.
Bianchi y Prímoli no solo trabajaron en San Ignacio: también proyectaron la Basílica del Pilar y San Pedro Telmo, y los planos del Cabildo, frente a la Plaza de Mayo. Aunque el Cabildo no es un templo y no compite por el título, su construcción actual comenzó el 23 de julio de 1725 y se extendió hasta mediados del siglo. Con el tiempo sufrió recortes urbanos: en 1894 perdió tres arcos del ala norte para abrir la Avenida de Mayo, y en 1931 ocurrió lo mismo con el ala sur.
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