En la decisión revisora (certiorari en la jerga jurídica anglosajona) N° 19-1392 del 24 de junio de 2022, la Corte Suprema de los EE.UU. (SCOTUS por sus siglas en inglés) decidió anular el carácter de derecho constitucional que en 1973 una SCOTUS con una composición diferente, le había otorgado al aborto en el caso Roe vs. Wade. El día antes, en otra decisión revisora, la N° 20-843, la misma Corte había fallado contra las restricciones impuestas por el Estado de Nueva York respecto a la portación de armas de fuego en la vía pública por particulares. El 30 de junio, en el certiorari N° 20-1530, la SCOTUS le negó el derecho al gobierno federal de los EE.UU de imponer regulaciones contra el cambio climático.
Las muertes de los "provida"
En menos de diez días en tres casos paradigmáticos la Corte Suprema de EEUU ejemplificó de una manera prístina el doble estándar de la derecha antiabortista respecto a su supuesta defensa de la vida.
Los tres fallos aludidos tuvieron la misma composición de votos. Seis de los nueve miembros de la SCOTUS votaron a favor (Samuel Alito, John Roberts, Clarence Thomas, Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett) y tres en contra (Stephen Breyer, Elena Kagan, Sonia Sotomayor). Siempre los mismos en uno y otro bando. Los seis jueces nombrados por sucesivos presidentes republicanos (George Bush, padre e hijo, y Donald Trump) no percibieron contradicción alguna en repudiar un día el aborto y el anterior defender el culto de las armas, o poco después dar vía libre a la depredación del medioambiente; mientras que los tres jueces designados por presidentes demócratas (Bill Clinton y Barack Obama) se opusieron a las posturas ganadoras.
La Corte Suprema estadounidense en apenas siete días dio un claro ejemplo de cuáles son las ideas reales que tienen en mente los autodenominados “provida” cuando invocan la defensa de la vida para oponerse al aborto. La vida, humana o no humana, nada importa, muy por el contrario, hay una constante promoción de su destrucción, sino, sería inconcebible pasar por alto las constantes tragedias que ha deparado el culto a las armas, o impensable que pueda no importar el inconmensurable daño que viene causándole a la vida en el planeta la insaciable voracidad humana.
- El aborto
La discusión sobre la legitimidad del aborto no es algo tan sencillo de saldar como pretenden exhibir muchos de sus defensores. El slogan “mi cuerpo es mío” como justificativo para su práctica, es bastante parecido a la máxima “mi plata es mía” invocado para justificar la acumulación desmedida de riquezas o la destrucción del medio ambiente. En todos los casos subyace una matriz profundamente individualista.
Es perfectamente plausible hallar personas que se oponen al aborto y que lo hacen desde un sincero y coherente respecto por la vida, pero no suelen ser los autodesignados “provida”. Sólo por citar un ejemplo local, quienes militan el pañuelo celeste frecuentemente no hallan ningún conflicto moral en ser indiferentes, o en apoyar abiertamente, los crímenes cometidos por la última dictadura militar argentina, que incluyó el asesinato de mujeres embarazadas o la tortura de bebés, como ocurrió con Ramona Benítez de Amarilla, Susana Elena Ossola de Urra y Sebastián Soulier, respectivamente.
El reciente caso “Dobbs, oficial de salud del Departamento de Salud de Mississippi y otros, versus Organización de salud de mujeres de Jackson y otros” estaba planteado en torno a si el Estado de Mississippi tenía facultades para prohibir el aborto luego de las 15 semanas de gestación, con excepción de las situaciones de emergencia médica o severa anormalidad fetal. La SCOTUS aprovechó la ocasión para emitir un fallo en donde vuelve atrás con la jurisprudencia de la propia institución, negando que el aborto esté amparado por los derechos reconocidos en la Constitución de los EE.UU. Para llegar a esa conclusión la SCOTUS efectuó una interpretación restrictiva de la noción de libertad (“ordered liberty”) a fin de proteger una vida en potencia (“potential life”), precisamente lo opuesto a lo que había hecho el día anterior para justificar la libre portación de armas en la vía pública, circunstancias en las que no importaron las vidas actuales que pudieran quedar en riesgo.
La consecuencia inmediata del fallo de la SCOTUS, en un sistema legislativo tan descentralizado como el estadounidense, es que la regulación del aborto ha quedado en manos de los Estados federales en donde una ola de conservadurismo antiderechos se viene expandiendo desde hace años. Las prohibiciones futuras afectarán mucho más a las mujeres de recursos económicos medios o bajos, ya que las de ingresos altos siempre han encontrado el modo de sortear este tipo de restricciones.
- Las armas
EEUU es el país desarrollado con mayor tasa de homicidios del planeta, con siete asesinatos cada 100.000 habitantes en 2020, último año del que se encuentra registro en la base de datos del Banco Mundial. Su vecino Canadá tiene dos asesinatos cada 100.000 habitantes; Francia, Alemania o China, uno; Suecia, 0,2; y de entre las potencias mundiales, sólo Rusia iguala los guarismos estadounidenses en la materia (Gráfico).
Buena parte de esas muertes violentas provienen de las matanzas cada vez más frecuentemente perpetradas en lugares públicos por personas que de pronto “estallan” y, con un acceso casi irrestricto a armas de muy variado tipo, tienen a su alcance los instrumentos idóneos para desatar terribles tragedias en cuestión de minutos.
Como si el horror no fuera suficiente, las masacres por disparos masivos (mass shooting) vienen produciéndose de una manera desproporcionadamente alta en entornos escolares y afectando especialmente a niños y adolescentes. La ONG Sandy Hook Promise ha calculado que desde 1970 hasta la fecha se han producido 2.032 incidentes de disparos masivos en escuelas de los EE.UU, cuya tasa de acaecimiento viene incrementándose, ya que de ese total, 948 han ocurrido desde 2012. Entre tanto, 12 niños mueren cada día en los EE.UU por armas de fuego, y a otros 32 les disparan o son heridos.
Sandy Hook Promise fue creada luego de la matanza perpetrada el 14 de diciembre de 2012 en la escuela primaria Sandy Hook, Connecticut, por Adam Lanza, un joven de veinte años que asesinó a veinte niños y niñas; y seis adultos, antes de suicidarse. EE.UU tiene un récord inigualado por ninguna otra sociedad en el mundo, de este tipo de matanzas.
En el caso “Asociación del Rifle y la Pistola del Estado de Nueva York y otros versus Bruen, Superintendente de la Policía del Estado de Nueva York y otros”, que concitó el dictamen de la SCOTUS del 23 de junio último; se disputaba la potestad del Estado de Nueva York para prohibir la tenencia de armas de fuego en público, a menos que el/la ciudadano/a solicitante acreditara la existencia de una necesidad de autoprotección que fuera ostensiblemente distinguible de la que tiene cualquier miembro de la comunidad. La SCOTUS falló en contra de la medida restrictiva alegando que ella iba contra la Segunda y la Decimocuarta Enmienda de la Constitución norteamericana. La primera, es la que estableció el derecho de poseer y portar armas por parte de la ciudadanía; la segunda, fijó el trato igualitario ante la ley.
El razonamiento de la mayoría conservadora de la SCOTUS apeló a la tradición estadounidense ampliamente favorable a la portación de armas y a una obscena renuncia a abordar el problema de la violencia ilegítima. Luego de reconocer que la interpretación de las normas constitucionales, además de la tradición, admite una evaluación sobre medios y fines (means-end scrutiny); la SCOTUS declaró que ello sería más trabajoso para los jueces al exigirles realizar dificultosos juicios empíricos acerca de los costos y beneficios de la portación de armas, sobre todo dada la falta de experiencia (“lack of expertise”) en el tema.
La Corte Suprema de Justicia de una de las mayores potencias del mundo, atravesada desde hace décadas por masivos crímenes producto de una arraigada y extendida cultura del uso de las armas, dice que los jueces carecen de experiencia para hacer análisis adecuados sobre las consecuencias de regular el uso de armas y por eso es mejor seguir la tradición.
El expresidente Donald Trump celebró públicamente el falló contra el aborto como un triunfo de la vida. El 27 de mayo, en la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle de los EE.UU, celebrada en Houston, Texas; tres días después de la masacre de la escuela primaria Robb, en Uvalde, también Texas; el mismo Trump rechazó el control de la tenencia de armas y abogó por armar a los docentes para enfrentar la violencia en los colegios.
Ni en EE.UU, ni en Argentina, o en otra parte de mundo, se verá a quienes organizan las marchas contra el aborto hacer lo mismo para restringir la circulación de armas o defender el derecho a la vida de los ya nacidos. Volviendo la mirada a lo más cercano, la Iglesia Católica argentina, acérrima antiabortista, no ha tenido ningún prurito en bendecir algunos de los mayores crímenes de la historia nacional. Los aviones que bombardearon la Plaza de Mayo en junio de 1955, matando a más de 300 transeúntes desarmados, tenían escrito en sus alas la frase “Cristo Vence”.
El Episcopado argentino nunca se quejó ante la Fuerza Aérea y la Armada por ese empleo sacrílego del nombre de quien se proclamó como el Salvador del mundo a partir del amor y la misericordia. Más próximo en el tiempo, al sacerdote Christian Von Wernich, capellán de la Policía de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura de 1976-1983, condenado a cadena perpetua por secuestros, torturas y asesinatos; la Iglesia Católica nunca le quito la prerrogativa de dar misa, como sí hizo con otros sacerdotes, como el brasilero Leonardo Boff, por cuestionar la jerarquía vaticana y abrazar una iglesia defensora de los más humildes.
- Ecología
En el caso “West Virginia versus Agencia de Protección Ambiental”, la SCOTUS decidió que la mencionada agencia (EPA por sus siglas en inglés), un organismo federal, carecía de potestad para aplicar el denominado, Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan), ya que el mismo implicaba exigencias para la reconversión a fuentes renovables de usinas eléctricas basadas en carbón y en gas que el Congreso de los EE.UU. se había negado a implementar en otras ocasiones. Nuevamente, como en el caso del aborto, la denegación de la facultad regulatoria federal provoca, en un sistema legal como el norteamericano, que la potestad de normar el tema quede en manos de los gobiernos estaduales.
La Tierra es el único planeta conocido en donde la vida ha surgido y prosperado. Una joya entre los mundos y las estrellas que constituye el único sitio habitable del que dispone actualmente la humanidad. Sin embargo, la Tierra se dirige velozmente a una catástrofe medioambiental provocada por una sola de las especies que surgió en su seno. Para tener alguna chance de revertir este ominoso escenario los problemas ecológicos deben ser tratados en la mayor escala posible. La contaminación o el calentamiento global no son, precisamente, cuestiones locales. Pero la Corte Suprema de los EE.UU., uno de los países más contaminante y consumidor de recursos naturales del mundo, le cercena al gobierno de su propio país la posibilidad de contar con herramientas que mínimamente puedan reorientar algunos aspectos de su industria energética hacia prácticas menos nocivas.
- Promuerte
En la concatenación de las decisiones tomadas en las últimas semanas por la Corte Suprema de los EE.UU respecto al aborto, la portación de armas y la regulación medioambiental, se manifiesta de un manera singular cuál es el vínculo que tienen con la vida quienes se autoproclaman como “provida”. En cada elección en la cual debieron hacer primar la preservación de la vida sobre los intereses individuales o las tradiciones eligieron sacrificar a aquélla en pos de estas últimas. El rechazo al aborto lejos de contradecir esta tendencia, la reafirma. A los “provida” no les interesan las “vidas en potencia” sino atacar a las vidas “actuales”, poniendo trabas a las reivindicaciones de amplios sectores de la población. Por eso cuando los niños y niñas mueren en otras circunstancias, víctimas de la violencia más evitable, no sólo no se conmueven, sino que reclaman el derecho a que se pueda ejercer aún más violencia, a que pueda haber aún más muertes.
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